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Papa Francisco: no a las historias falsas y destructivas, narrar el bien que une

(vaticannews.va).-

En el 54º Mensaje para las Comunicaciones Sociales sobre el tema «Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)La vida se hace historia», Francisco se detiene en el valor de la narración. Del Papa la exhortación, más urgente que nunca también para el mundo católico, a vencer la tentación de las historias destructivas.

Alessandro Gisotti – Ciudad del Vaticano

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(vaticannews.va).-  Los relatos “nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos”, porque “el hombre es un ser narrador” que necesita “revestirse de historias para custodiar su propia vida”. El Papa Francisco lo subraya en su Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2020, publicado en la memoria de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas. Un mensaje que, sin embargo, abarca un horizonte mucho más amplio que la profesión de periodista, como por otra parte Francisco nos ha acostumbrado desde su primer Mensaje para las Comunicaciones Sociales, el de 2014, cuando trazó un vínculo ideal entre la figura evangélica del buen samaritano y la misión que hoy llevan a cabo los «buenos comunicadores».

En un momento marcado por el uso instrumental y divisivo de la palabra, «enfermedad» de la que el mundo católico lamentablemente no es inmune, el Papa nos recuerda que la comunicación es auténtica si construye, no si destruye. Si es «humilde» en la «búsqueda de la verdad», como ya se subrayó en la audiencia del pasado mes de mayo a los periodistas de la Asociación de la Prensa Extranjera. Y frente a la difusión de narraciones «falsas y malvadas» – hasta la sofisticada aberración del deepfake (engaño profundo) – el Papa anima a que la narración hable «de nosotros y de la belleza que poseemos» ayudando a «reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos». Necesitamos, es su exhortación, «respirar la verdad de las buenas historias».

La Sagrada Escritura, una «Historia de historias»

En el Mensaje se cita la storytelling (narración de historias), una técnica cada vez más en boga en varios campos, desde la publicidad hasta la política, pero la historia en la que piensa Francisco no sigue lógicas mundanas. Tiene un valor más profundo que hace «memoria de lo que somos a los ojos de Dios». Además, una indicación reveladora de lo que el Papa considera un modelo de narración viene ya del tema elegido para el Mensaje: «Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)La vida se hace historia». La Sagrada Escritura, señala el Papa, es «una Historia de historias» y añade que la Biblia nos muestra «un Dios que creador y narrador al mismo tiempo». Precisamente «a través de su narración – continúa – Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres». En la inminencia de la celebración del «Primer Domingo de la Palabra de Dios», instituido por la Carta Apostólica Aperuit Illis, Francisco nos invita, por tanto, también con este Mensaje, a estar cerca de la Sagrada Escritura, a hacerla nuestra, recordándonos que «la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad». Por otra parte, como nos enseña el Libro del Éxodo -del que se toma el tema del mensaje- aprendemos que «el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente».

La tentación de las narraciones falsas y malvadas

Una parte importante del documento está dedicada por el Papa a «historias destructivas» que describe con palabras que recuerdan la inmediatez de las homilías de Santa Marta. Una vez más -como ya en el Mensaje para las Comunicaciones de 2018 dedicado al fenómeno de las fake news (noticias falsas) – Francisco pone en guardia ante la tentación de la serpiente, narrada en el Libro del Génesis, que «introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer». El Papa denuncia esas historias que «nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices». Y, retomando un tema muy querido para él, estigmatiza la avaricia de la «charla y las habladurías» de los que «casi no nos damos cuenta» así como la mucha «violencia y falsedad» que «consumimos». La consecuencia última es la difusión de «historias destructivas y provocadoras que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia». En riesgo está la dignidad humana, leemos en el Mensaje, que se ve despojada por la combinación de «información no contrastada» con la repetición de «discursos triviales y falsamente persuasivos» que hostigan «con proclamas de odio». A todo esto, pide reaccionar con «coraje» para rechazar tales amenazas. En un mundo que sufre «muchas laceraciones», Francisco espera que podamos sacar a la luz “la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana».

Ninguna historia humana es insignificante a los ojos de Dios

El Papa dirige entonces la atención a la historia de Jesús, que muestra cómo a Dios le importa tanto el hombre y que para Él «no hay historias humanas insignificantes o pequeñas». «Por obra del Espíritu Santo», añade, «cada historia, incluso la más olvidada», puede «renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio». Cita algunos historias que han «escrito admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre» desde las Confesiones de Agustín hasta Los Hermanos Karamazov. Nos invita a leer las historias de los santos y a compartir esas «historias que huelen a Evangelio» que cada uno de nosotros conoce. «Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil», reitera, porque «nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar». Por esta razón, señala, «incluso cuando contamos el mal» podemos reconocer el bien y «hacerle sitio». El Mensaje termina con una oración a María para que escuche nuestras historias, para que las custodie. Recordando una imagen querida por Francisco y también presente en la casa de Santa Marta, pide a la Virgen que desate «el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida», ayudándonos a «construir historias de paz, de futuro».

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