La objetividad periodística

La objetividad periodística: una pretensión tan desmedida como la de aprisionar el reflejo de las aguas de un río, que en un instante son y en el siguiente dejan de ser. Sin embargo, esa objetividad es la garantía que el lector busca para poder creer.

 Javier Darío Restrepo
Periodista colombiano
“Fundación para el Nuevo Periodismo en América Latina”

El memorando de A.M. Rosenthal para los periodistas del New York Times llegó a ser un mandato escrupulosamente obedecido en incontables redacciones. Leyeron entonces los del periódico neoyorquino: “el deber de todo reportero y editor es luchar para conseguir tanta objetividad como sea humanamente posible”.

Y a renglón seguido les describía la objetividad como distancia, exclusión de puntos de vista personales e inclusión de todos los puntos de vista.

Además, agregaba Gaye Tuchman, la objetividad es una virtud que protege al periodista “contra juicios por libelo”, porque trata por igual a todas las personas y opiniones.

Algunos le agregan otra ventaja a la objetividad: “exige solamente que los reporteros se hagan responsables de cómo informar, no de lo que están informando”. Según la respuesta común de los medios acusados y acosados por el público como sensacionalistas, ellos son objetivos porque se limitan a registrar la realidad sin comentarios ni interpretaciones; y de hecho, es una tradición vigente en una parte de la prensa en el mundo, que la tarea informativa debe limitarse a la transcripción rigurosa y exacta de los hechos y de las opiniones, tal y como se dieron en la realidad.

La objetividad

Cuando la información parte de un conocimiento exacto y cierto, de una reflexión consciente y de una rectitud intachable de intenciones “en esto consiste la imparcialidad, o la absoluta objetividad”, sentencia Luka Brajnovic.

Los códigos de ética son tan específicos como este profesor de la Universidad de Navarra. El de la ONU exige “informción exacta, conforme a los hechos, comprobada en todos los hechos esenciales y sin deformación deliberada”, para hablar de objetividad.

Otros ocho códigos recalcan o el deber de la absoluta objetividad (Código del periodista europeo) o el derecho del público a esa clase de información (Federación Internacional de Periodistas) o la necesidad de despojar el ánimo de prejuicios (Periodistas de Antioquia, Colombia) o el rechazo de presiones de los empleadores para que se acomode la versión de los hechos a sus intereses (Código de Chile) o el repudio de la mentira como práctica profesional ( Códigos francés e italiano) o la técnica de consultar documentos probatorios y de buscar los hechos mismos (Código peruano) o la apelación a la conciencia socialista y a la responsabilidad ante la opinión para informar verazmente (código yugoeslavo).

Estos mandatos de los códigos no resuelven el problema. Por el contrario, siempre que se los esgrime, el periodista tiene razones para responder con la contundencia de los hechos vividos que la objetividad que reclaman los códigos no es posible.

¿Es posible la objetividad?

Los que tienen presentes sus estudios de filosofía, generalmente invocan en su favor a Heráclito y a los filósofos escépticos. El conocidísimo texto de Heráclito sobre el hombre que no puede bañarse dos veces en el mismo río, porque sus aguas en movimiento constante hacen distintos ríos cada instante, es una comparación feliz para describir la tarea del periodista.

Los hechos de la historia diaria, que son la materia prima de la información periodística, son tan cambiantes como las aguas de un río. Pretender la objetividad es tanto como creer que es posible capturar y congelar el instante que huye.

El mismo hecho, observado por distintos periodistas, recibe tratamientos y versiones diferentes y, además, en las sucesivas ediciones de un periódico o en las emisiones de un noticiero, tiene que ser complementado, corregido, aclarado o rectificado, hasta el punto de que el periodista llega a contemplar las suyas como verdades provisionales.

Un periódico de hoy sería una fuente de argumentos para los escépticos que, en los comienzos de la reflexión filosófica, consideren que el ser humano está incapacitado para conocer la realidad de las cosas. Esa imposibilidad del conocimiento objetivo está ratificada por hechos como estos, que el periodista conoce, o porque ha sido actor en ellos, o porque ha sido su testigo.

Algunas opiniones

  • Connell estudia las noticias de televisión y concluye que “ayudan a reproducir ideologías reformuladas”.
  • Hall, Critcher, Jefferson, Clark y Roberts investigan las informaciones sobre atracos en la prensa británica y anotan: “la definición de los atracos o asaltos, tal y como la proporcionan las autoridades, como lapolicía, es lo que se reproduce en las noticias”.
  • I. Bonilla y María E. García en Colombia, analizan editoriales del periódico El Tiempo sobre paros y huelgas, y concluyen que el discurso del periódico no aprueba esos paros y los representa “invariablemente como problemas de orden público”.
  • Una investigación parecida hizo el Glasgow University Media Group sobre las noticias de televisión relacionadas con huelgas, presentadas “como problemas para el público”.
  • Downing en su estudio sobre la presencia de mujeres y grupos étnicos en las noticias, demuestran que “el dominio masculino en los medios de comunicación, reproduce el dominio masculino en la sociedad”.

Estos estudios sustentan conclusiones parecidas a las de los periodistas que han llegado a la conclusión de que en la doctrina de la objetividad hay más teoría que realidad. Los fundadores del Time comprobaron que era imposible la objetividad absoluta y que sus editores deberían indicar en los asuntos controvertidos “cuál de las partes tiene mayor mérito”.

Y no estuvieron solos en esa percepción. Desde 1883, Josep Pulitzer había dicho resueltamente que el New York World se dedicaría “a la causa del pueblo en vez de la de los monarcas financieros, a desenmascarar todo fraude e hipocresía, a combatir todos los males y abusos públicos” que es la misma posición del periodista de hoy que denuncia la corrupción, que rechaza la violencia y que defiende la vigencia de los derechos humanos.

Han existido, por otra parte, prácticas periodísticas con las que se pretende mantener una objetividad imposible. Es el caso de la impersonalidad de la noticia que se impone o porque la información es el producto de una empresa, o porque está ausente un yo individual, sin expresiones – así lo ordenan los Manuales
de Estilo, creencias u opiniones de una persona. Y concluye Teun A. Van Dijk “el yo puede estar presente solo como un observador imparcial, como un mediador de los hechos”. Una práctica de esta naturaleza, sugiere la pregunta: ¿para preservar la objetividad, debe desaparecer el yo del periodista?

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