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UNA RED INFORMÁTICA DE LA IGLESIA:
IDENTIDAD Y DESAFÍOS

Tomado de las palabras de S.E.R. Mons. John P. Foley a los participantes
2ª Reunión Continental de la RIIAL
Brasilia,Brasil, 27 noviembre 1995

Red para la comunión

Una red eclesial como la RIIAL es una red informática que no se equivale a cualquier tipo de red. En primer lugar es DE LA IGLESIA. Este hecho obliga a que todo nuestro quehacer se vea impostado con las notas propias de nuestro ser miembros de la Iglesia universal, en el lugar y el tiempo concreto que nos ha tocado vivir. Desde el origen mismo del proyecto, sabemos que su objetivo más profundo es el servicio a la comunión eclesial, como lo presenta Communio et progressio (Cfr.n.11), como, de acuerdo con el enriquecimiento progresivo de una materia tan fluida como la nuestra, quedó ampliado y profundizado en Aetatis novae (Cfr.n.6). Eso mismo lo afirma el Documento de Santo Domingo (Cfr. nn. 280 y 285). Comunión en Cristo Resucitado, en primer lugar, con el Santo Padre -supremo garante de la construcción de la Iglesia del futuro - que contempla con particular afecto esta experiencia y espera mucho de ella como pionera de otras posibles que han de venir. (Cfr. Juan Pablo II, Discurso a la Plenaria del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, "L 'Osservatore Romano", 16 de marzo de 1990).

Comunión entre los pastores de este vasto Continente. Comunión extendida hacia los presbíteros, los diáconos y a ese pueblo de Dios a la vez tan lleno de capacidades y, desgraciadamente, demasiado a menudo sujeto de injusticia, pobreza y desequilibrio (Cfr. Documento de Santo Domingo, N.199).

La comunión es un misterio, y un regalo del Espíritu Santo. Misterio de unidad en lo diverso; de sintonía común en la distancia; de armonía; de solidaridad, de mutuo conocimiento y aprecio. Pero todo ello no se realiza sin nuestra libre respuesta y asentimiento a la invitación de Dios. Es necesario el esfuerzo humano de acercarse, de dialogar, de comunicarse. La Red no desea otra cosa que poner todos los recursos de la técnica al servicio de ese gran misterio presente en la Iglesia. Esto nos lleva a otra nota de lo que significa nuestra pertenencia a ella, que además en el caso de la Red se hace presente, con vocación continental y universal, primeramente en AMERICA LATINA.

En América Latina

Ese ámbito geográfico nos sitúa en un panorama social específico, que nos exige lograr que los instrumentos de la informática se pongan al servicio de los más desfavorecidos. Nos corresponde a nosotros resituar en el centro de los complejos mundos de la comunicación social y de la tecnología, a la persona humana como depositaria de los valores de siempre. Y en particular a aquellos a quienes pocos recuerdan porque han quedado al margen de la maquinaria económica e informativa de sus países.

Hemos tenido siempre presente, ya desde los primeros pasos y esfuerzos en la consecución de nuestro común objetivo, que los primeros beneficiarios de los recursos informáticos serían aquellas personas y grupos menos dotados y más desprotegidos; un instrumento particularmente útil a quienes hace apenas algunos años vivían casi incomunicados. Hoy resulta posible con un escaso costo, que las comunidades locales reciban información constante de sus Conferencias Episcopales y de sus Obispos, y puedan a su vez emitirla. Pueden comunicarse, es decir, establecer una corriente participativa de doble vía, ser escuchados y escuchar en forma habitual. Siempre hemos tratado de explicar la Red como una plataforma de diálogo que debía quedar al alcance de todos.

Riesgos a superar

Nos corresponde asimismo sortear algunos riesgos que podrían herir el cuerpo de la Red si no estuviésemos atentos: el riesgo de la competitividad entre los miembros, que no deben tender a hacerse sombra unos a otros, sino alegrarse y obtener beneficio, con los carismas propios y de los demás. El riesgo de una especie de idolatría ante los instrumentos técnicos, que nunca son un fin en sí mismos, por muy atractivos que parezcan. El riesgo del secesionismo para quien quisiera funcionar al margen de los demás. El riesgo de manipulación y control para quien, con abundancia de medios, pretenda la subordinación de otros. Como todo trabajo dentro de la Iglesia, éste nos exige vigilancia y atención cuidadosa, basada en la oración.

Una Red es, precisamente, algo abierto y por naturaleza solidario. En el caso nuestro, muy especialmente porque deseamos contribuir, con humildad pero con plena dedicación, a la formación de Iglesia, en la que cada miembro tiene su función irremplazable.

Tengan la seguridad de que el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales junto al CELAM, seguiremos acompañando este proceso con nuestro apoyo entusiasta, y que estamos a su disposición para lo que requieran en esta nueva etapa de mayor madurez que ahora inicia la Red Informática de la Iglesia en América Latina.

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