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Características de una Red Informática Eclesial

Tomado de las palabras inaugurales de S.E.R. Mons. John P. Foley
3ª Reunión Continental de la RIIAL
Lomas de Zamora, Buenos Aires, Argentina
28 de septiembre de 1996

Jubileo y Nueva Evangelización

El Santo Padre nos ha convocado a preparar la celebración de un gran Jubileo: se cumplen dos mil años del nacimiento de Jesucristo. Este es motivo de fiesta no sólo para toda la lglesia; el Papa desea que fuera esta una oportunidad para que el mundo entero recupere la alegría. Pero para que haya alegría se requiere paz. Para la paz, justicia. Y para la justicia, amor.

Por ello, nuestra ya tradicional referencia de la Red Informática como "mesa común" adquiere matices especiales en estos años previos al 2000. El espíritu abierto y solidario de la Red se debe expresar tanto en nuestros modos de proceder como en los contenidos que transmitimos hacia dentro y hacia fuera de la misma Red. Nos corresponde favorecer con nuestro trabajo -y precisamente aquí en América Latina- un clima de paz que sea la mejor tierra para que florezca la verdadera fiesta. Porque, así como Jesucristo nos ofrece una paz, "no como la que da el mundo", igualmente la fiesta, el banquete al que nos convoca, no es como los banquetes del mundo. Tiene unas notas propias, características del Reino de Dios que somos invitados a empezar a vivir ya aquí:

La Red como mesa común

Tiene vocación universal

Se trata de una mesa común a la que todos están convocados. La Iglesia se dirige con su mensaje a todo ser humano. Aquellos que libremente aceptan la invitación, empiezan a vivir un nuevo tipo de fraternidad que no se define ya por el origen de cada uno (apellido, condición social, cultura, raza) sino por aquello hacia lo que convergen: un padre común. Los habita el mismo Espíritu, que es el de Jesucristo. Este y no otro, es el Espíritu que anima la Red, y que hace posible la paz y la fiesta.

Es múltiple y es una

El Documento de Santo Domingo se expresa con estas palabras: "La venida del Espíritu Santo en Pentecostés pone de manifiesto la universalidad del mandato evangelizador: pretende llegar a toda cultura. Manifiesta también la diversidad cultural de los fieles, cuando oían hablar a los apóstoles cada uno en su propia lengua" (S.D. 228). Como bien dice Mons. Juan Luis Ysern, cada persona, desde su propia cultura y manteniendo su identidad, escucha y acoge a Dios mismo que se da en Alianza. Y ello establece entre todos una comunión, una comunidad que respetando las "alteridades", vive la profundidad de la unión, entregándose y acogiéndose unos a otros, todos servidores de todos. (Cf. YSERN, J.L. La comunicación social en Santo Domingo. CELAM, 1993). Esta rica realidad puede ser vista como un variado mosaico, que muestra una figura coherente en que cada elemento aporta su color particular.

Tanto el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales como el CELAM hemos procurado ser, a lo largo de estos años, profundamente respetuosos con la realidad de cada uno, y a la vez motivar insistentemente a la unidad de todos.

Esa unidad tiene una de sus expresiones técnicas en la "anti-babel" que significa la compatibilidad de los lenguajes informáticos, a la que tantos esfuerzos hemos dedicado en estos años. Por otra parte, la creciente cooperación entre los técnicos de la Red, nos ha facilitado la obtención de condiciones favorables para todos. Este es un primer y visible fruto del espíritu solidario de esta Red, y anima a trabajar aún más para que crezca la conciencia de que todos han de ser destinatarios de los bienes de los demás.

Es eclesial

En ella se refleja la gran riqueza y la estructura de la iglesia en la multiplicidad de sus ministerios y carismas. La Red nace y crece orientada a servir a los Obispos en sus tareas pastorales. Por ello es tan importante la figura de la Conferencia Episcopal en cada país, y la del CELAM como animador en todo el Continente. Poco a poco van incorporándose otras realidades eclesiales que ayudan a completar el servicio evangelizador que puede hacer el instrumento informático. No olvidemos que desde el principio el Santo Padre intuyó -y nos lo propone como un desafío- que esta Red sería semilla de redes más amplias que alcanzarán a la Iglesia en otros continentes.

La Red expresa su eclesialidad también en sus contenidos. Es depositaria y transmisora de toda la riqueza doctrinal de la Iglesia, en su Magisterio pontificio y episcopal. En este sentido, es fuente de verdad para quienes la buscan. Está llamada a ser facilitadora de conocimiento recíproco, animadora de acciones evangelizadoras coordinadas entre todos y fuente de noticias sobre la vida cotidiana de la Iglesia.

Debe servir a los más aislados

Uno de los grandes valores de la técnica actual es que se puede hacer accesible a grupos poco dotados de otro tipo de infraestructura. Si el Año de Gracia del Señor se significa por el anuncio a los pobres y los cautivos, es ésta una clave para nuestro actuar. Recordemos quiénes aceptaron la invitación en la parábola del Banquete de bodas: quienes estaban en los caminos, olvidados de todos. Para entrar, sólo se nos pide una cosa: que estemos vestidos de fiesta. Que hayamos hecho la paz con nosotros mismos y con los demás. Que no impongamos una dinámica de poder ni de dominio. Que compartamos nosotros también nuestro pan con el vecino.

Nos espera una tarea intensa y hermosa. Aun tenemos que aprender mucho, y superar algunos obstáculos técnicos que nos han impedido un mayor dinamismo interno en la vida de la Red. Aun ha de avanzar en efectividad el trabajo informático en red dentro de las Diócesis y los países. Hemos de aprender a estar presentes en las autopistas de la información como portadores del mensaje evangélico.

La Red como Medio de Comunicación Social

En un contexto que es cada vez más pesimista respecto a los Medios de Comunicación Social -pesimismo tantas veces justificado-, corresponde a nosotros demostrar el alto valor que pueden tener esos medios al servicio del Evangelio. Especialmente hoy, la informática como instrumento de comunicación. Sobre ello, la Aetatis Novae nos anima diciendo que "si la lglesia ha de comunicar su mensaje, adaptándolo a cada época y también a las particulares culturas de las diferentes naciones y pueblos, hoy en día debe hacerlo de forma especial con la cultura de los nuevos medios de comunicación social". (A.N., 8). Pero no olvidemos que hacer red, es hacer Iglesia. Se trata de un trabajo profundamente eclesial si se realiza con un espíritu de oración y de servicio.

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