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LA IGLESIA ANTE LA CULTURA MULTIMEDIÁTICA

Elementos del discurso de S.E.R. Mons. John P. Foley a los participantes
4ª Reunión Continental de Técnicos del RIIAL
Santo Domingo
3-6 de marzo 1988

Contexto eclesial

El Sínodo para América ha abierto horizontes nuevos a toda la Iglesia del continente y, por otra parte, durante este último año la sociedad y la Iglesia latinoamericanas han vivido un desarrollo sin precedentes en el uso de los instrumentos informáticos. La presencia eclesial en Internet crece y se estabiliza, y son cada vez más las páginas de Conferencias Episcopales y entidades de Iglesia que ofrecen información, en español y portugués, en la red mundial. Se han multiplicado en el seno de la RIIAL los servicios y los miembros.

Por ello quiero en este momento centrar mi atención sobre aquello para lo cual se ha construido la Red: la vivencia y trasmisión de contenidos cristianos, y en ese mismo sentido, el uso de los lenguajes propios del medio informático.

La cultura multimediática

Según algunos historiadores del cine, se han producido más imágenes desde 1970, que en toda la historia de la humanidad. Hoy los niños son alfabetizados mucho antes en lenguaje de imágenes que en el verbal y el escrito. Pero además, asistimos a la llamada "convergencia tecnológica": se accede a imágenes, música, textos y señal televisiva, a través del mismo código, el digital, y de los mismos soportes: CD-Rom, cable telefónico, fibra óptica, microondas y satélites.

  Estamos, pues, inmersos en la tan anunciada "era de la información", con lo que ya en 1992 la Instrucción Pastoral Aetatis novae anunciaba así: "El cambio que hoy se ha producido en las comunicaciones supone, más que una simple revolución técnica, la completa transformación de aquello a través de lo cual la humanidad capta el mundo que le rodea y que la percepción verifica y expresa"(n.4).

  Los sociólogos afirman sobre la cultura actual que "vivimos el fin de las ideologías"; "hoy los mensajes de los Medios se dirigen sobre todo a la emoción, no a la razón"; "la cultura 'light' exige discursos breves, compactos, visuales, ojalá acompañados de música y acción". (Cfr.Retos de la cultura de la imagen a la pastoral de la Iglesia en América Latina. Investigación para DECOS-CELAM, Univ. Pontificia Javeriana, Bogotá 1996).

  ¿Cuál debe ser ante este panorama la actitud de la Iglesia? Consciente de tener en sus manos un tesoro -"aunque lo llevemos en vasijas de barro", como dice San Pablo-, se siente en la obligación de expresar y difundir el Evangelio y sus valores, junto con la amplia riqueza del Magisterio elaborado en veinte siglos de apertura al Espíritu Santo. ¿Están todos estos textos destinados al olvido, por una cultura que parece prescindir de todo lo que no sea imagen y música? En la llamada época del "pensamiento débil" ¿encontrará la Iglesia el lenguaje adecuado para hacer llegar a las personas la Buena Noticia sin traicionar la hondura de sus contenidos y del Misterio que la habita? ¿El lenguaje de la imagen es acaso sinónimo de banalidad y simulacro?

Palabra – Imagen

  Anticipándose a su tiempo, el Papa Pablo VI advertía hace casi 25 años, en la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi: "Conocemos las ideas de numerosos psicólogos y sociólogos que afirman que el hombre moderno ha rebasado la civilización de la palabra, ineficaz e inútil en estos tiempos, para vivir hoy en la civilización de la imagen. (…)(Pero todo ello)no debe disminuir el valor permanente de la palabra, ni hacer perder la confianza en ella. La palabra permanece siempre actual, sobre todo cuando va acompañada del poder de Dios"(n.42).

  Mons. Juan Luis Ysern nos recordaba hace dos años en Brasilia que imagen y palabra no se contraponen. Pueden y deben armonizarse en un nuevo tipo de discurso, que incorpore lo emotivo-sentimental, pero no desprovisto de sentido. Por otra parte, imagen no es lo mismo que ficción o simulacro. Desde que Dios se hizo Hombre en Cristo, la imagen puede ser portavoz a la vez de la Encarnación y de la Trascendencia de Dios. Cristo es "imagen visible de Dios invisible" (Col 1,15). Cristo es palabra e imagen.

  Pero además, una de las definiciones de la realidad de Internet es "una gran biblioteca". Una parte esencial del saber humano -religioso, filosófico, científico, artístico- está recogido en libros, en palabra escrita. La traducción a código digital hoy es, como muy bien saben, una forma de archivo y conservación, a la vez que herramienta necesaria de difusión de los textos, rápida y a bajo costo. Innumerables navegantes acceden a libros y documentos a través de Internet.

  A todo ello se añade una palabra clave de esta nueva cultura: la interactividad. Los grandes Medios -emisores incansables y a veces sordos a la voz de sus destinatarios- hoy ven cómo se multiplican a su alrededor los espacios de expresión, diálogo y encuentro entre individuos que han dejado de ser pasivos.

  Pues bien, sabemos que "la inculturación es uno de los componentes del gran Misterio de la Encarnación" (Catechesi tradendae,46).

Y le damos gracias a Dios por este nuevo don -los medios electrónicos- que nos ha dado en la cultura actual(Cfr. Documento de Santo Domingo,279).

¿Cuál será, en este contexto, la tarea de la Red Informática de la Iglesia en América Latina?

El primer objetivo: vivir y anunciar

  Para orientar nuestra actuación recordemos siempre el primer objetivo que nos mueve: vivir el mensaje de Jesucristo y anunciarlo a toda persona. Como nos dice el Santo Padre en el Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales de este año: "Los comunicadores cristianos tendrán credibilidad al comunicar esperanza si primero la viven en sus propias vidas"(n.3).

La RIIAL es un servicio eclesial; cada miembro personalmente y todos en conjunto, hemos de vivir ese misterio de comunión y de apertura al Espíritu Santo que es el gran patrimonio de la Iglesia. El signo hace creíble la palabra: "Padre, que todos sean uno, para que el mundo crea que Tú me enviaste"(Cfr.Jn 17,20). Cristo es "Palabra hecha carne" (Jn 1,14). La Iglesia, cuerpo de Cristo, se muestra también como vehículo de esa Palabra, a la vez que su testimonio de unidad y comunión expresa visiblemente el Misterio que vive y anuncia. Para ello son esenciales la oración personal y comunitaria junto con la práctica de los sacramentos.

  Esta vivencia de fe se expresa, por ejemplo, en la preocupación de la RIIAL por hacer accesibles su presencia y servicios a comunidades eclesiales de escasos recursos, y el solidario intercambio de experiencias y soluciones entre los técnicos. La interactividad es una constante al interno de la Red, especialmente en favor de quienes han tenido menos acceso a canales de expresión. No puede ser de otro modo en un servicio eclesial.

Los Contenidos

  La RIIAL, desde sus inicios, emprendió la construcción de los Archivos Documentales del Magisterio universal y local. Este primer paso, fundamento de otros sucesivos, supone una tarea enorme y esforzada. La transcripción de los documentos al formato digital, su cuidada revisión, junto con el añadido valor del hipertexto, hacen de este trabajo una pieza clave del servicio de la Red, accesible en línea, en CD-Rom y en diskette.

En un contexto social en que la barahúnda de contenidos banalizados es uno de los grandes males que nos aquejan, la comunicación social se vuelve una avalancha amorfa y disgregante. Por ello los informadores eclesiales, aunque se expresen en un lenguaje actual y trabajen con frecuencia bajo el signo de la presión del tiempo, deben seguir atentos para que la prisa no los haga caer en la trivialidad o la frivolidad. Frívolo es quien pasa por la superficie de las cosas, de la vida, sin querer mirar y ahondar en su significado. La nuestra, en cambio, debe ser una comunicación ágil, amena, incluso breve, pero nunca frívola o fatua. Con ese primer signo de respeto a los perceptores, nuestra comunicación seguirá estando ordenada a la comunión. Tomarse en serio la vida y la Creación de Dios, es una de las grandes fuentes de la auténtica alegría.

El lenguaje de la belleza

  Como decía al principio, la Iglesia ha multiplicado su presencia en las páginas web. En ellas los documentos y contenidos escritos de la Iglesia van acompañados o precedidos por la estética de una serie de imágenes, el calor de una bienvenida, la acogida de una interfaz que ha dado en llamarse "amigable". La humanización de la cultura informática se expresa también en la acogida del anónimo "navegante". El joven de hoy siente una especial atracción hacia la belleza, sea de imagen, sea de música o ambas. Lo bello contribuye a armonizar a las personas, y es un rasgo característico de la celebración y la fiesta. En función de nuestros visitantes, personas concretas, con sus interrogantes, sus problemas, su corazón humano, debemos diseñar nuestras páginas como expresión de la auténtica fe y de la vivencia eclesial que las sostiene. Una estética que, respetando los estilos de cada entidad y las claves culturales propias de cada país o región, apunte además a lo sobrenatural, donde la realidad es vista con ojos de esperanza.

A las puertas del Jubileo del 2000, impulsemos la creatividad de los programadores y técnicos para lograr una verdadera estética nueva, transida de valores humanos y cristianos. Imploraremos especialmente el patrocinio y la inspiración del Espíritu Santo para desenvolvernos en las redes mundiales como evangelizadores. Así, las páginas católicas tendrán un "aire" particular. Parafraseando a San Francisco, podemos sugerir que en Internet "donde haya prisa, pongamos sosiego; donde haya ruido, serenidad y escucha; donde haya estridencia, belleza; donde haya frialdad o indiferencia, apasionada caridad", y así sucesivamente.

Nuevos lenguajes

Como ustedes ven, hemos recorrido un largo camino, pero ciertamente no ha llegado a su fin. Mientras conservamos y difundimos la Palabra de Dios, y junto a ella los Documentos que conforman nuestra herencia de fe, hemos de ser capaces aún de traducir esta riqueza de contenidos a lenguajes multimediáticos como los videoclips, los videojuegos interactivos y humanizadores, los cuentos, los auxilios pedagógicos, las páginas interactivas y un largo etcétera.

Todo ello, claro está, sin que el mensaje se empobrezca por abdicación o reducción, por adaptaciones, aún de lenguaje, que comprometan "el buen depósito" de la fe; la verdadera evangelización enriquece a las culturas, ayudándolas a superar los puntos deficientes o incluso inhumanos que hay en ellas, y comunicando a sus valores legítimos la plenitud de Cristo. (Cfr. C.T.,53).

Animados por el Espíritu de Dios, particularmente en este año que la Iglesia dedica a El, emprendamos con entusiasmo esta tarea que surge de uno de los "signos" del tiempo que nos ha tocado vivir.

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