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PRONTUARIO DE IMPLEMENTACIÓN DE LA RIIAL EN LAS DIÓCESIS

Filosofía y objetivos del proyecto

En la cultura contemporánea la informática ocupa naturalmente un lugar importante. Las entidades incorporan el uso de las computadoras como una herramienta normal de trabajo, los niños y jóvenes están familiarizados con ellas, y la informatización de la sociedad en América Latina sigue un ritmo propio. La Iglesia vive un proceso similar, y en él la RIIAL tiene como objetivo ofrecer una columna vertebral para que estas tecnologías se usen en un clima de participación armónica, y se pongan al servicio de la comunión eclesial, la evangelización y el trabajo pastoral. Las nuevas generaciones de catequistas y sacerdotes conocen estos instrumentos y muchos de ellos los usan con facilidad, incluso en zonas más o menos empobrecidas; pero generalmente no se aprovechan todas las potencialidades de la informática para mejorar la comunicación en el interior de la Iglesia, para potenciar la ayuda mutua y apoyar el desarrollo de las actividades pastorales. Por eso la comunicación está en el centro del proyecto RIIAL: de poco serviría la informatización de las entidades eclesiales si estas computadoras no lograran aprovecharse para acercar a las personas, ayudarles a trabajar conjuntamente (en red) y crear servicios comunes que ahorran esfuerzos y recursos. Los sistemas informáticos aislados no son más que buenas máquinas de escribir, y por el contrario, cuando se ponen en red constituyen una mesa común que beneficia a todos. ¿Con qué estructura? Con la misma estructura eclesiológica: la sede de los datos y los servicios gira en torno al Obispo y su diócesis.

Todo lo anterior explica el lema de la RIIAL: “llegar hasta los últimos”, es decir los más alejados, los más necesitados. No basta contar con sistemas informáticos más o menos eficientes en una oficina eclesiástica si no se toman en cuenta las necesidades concretas de la Iglesia local en su conjunto. De poco sirve dotar de máquinas y servicios a quien ya cuenta con acceso a comunicación, materiales, libros, documentos, etc. Los sistemas tienen que tener en cuenta sobre todo a quien no tiene acceso a estos recursos, y se debe poner toda la creatividad posible para ofrecer las soluciones tecnológicas que faciliten su incorporación a esta realidad y sus servicios. Esto supone, además del hecho físico de que cuenten con unas computadoras, la adquisición de una “cultura de uso” de la informática que supone un esfuerzo formativo imprescindible.

Tal objetivo da como resultado en la RIIAL el estudio constante de lo que ofrece la tecnología, seleccionando no lo más sofisticado o avanzado en sí mismo, sino aquello que permite alcanzar a todo tipo de usuarios, en particular a quienes poseen equipos menos potentes y menor infraestructura. Uno de los compromisos más esforzados de la RIIAL consiste en multiplicar los usuarios del correo electrónico allá donde no hay bibliotecas ni material evangelizador, para que puedan recibir subsidios para la pastoral.

Toda esta realidad diocesana se inscribe dentro de un proyecto eclesial continental, promovido por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y el CELAM. En la RIIAL comparten recursos y servicios la casi totalidad de las Conferencias Episcopales de América Latina, con participación de las de Italia y España, además de innumerables Diócesis, entidades eclesiales, congregaciones religiosas, institutos de estudio, y otras realidades de la Iglesia. La RIIAL cuenta, pues, con un bagaje de pensamiento que profundiza sobre lo tecnológico, y que se extiende además a los temas referidos a los contenidos que fluyen por la red; estudia asimismo la forma como la cultura digital ejerce un impacto sobre la sociedad y la Iglesia en América Latina para diseñar las estrategias adecuadas para la evangelización.

La Iglesia con todo ello intenta, como valor añadido, que los pobres no queden fuera de la “era de la información”, de modo que estas nuevas tecnologías les permitan ser interlocutores del resto de la sociedad, y tengan también ellos acceso a los beneficios de la cultura y de la economía. De aquí que este esfuerzo no sólo no sea vano sino oportuno e indispensable.

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