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UNIDAD
SEGÚN SÍNTESIS
I. Introducción
"Estudiando
atentamente los nuevos problemas e investigaciones del progreso contemporáneo,
se ve más claramente cómo la fe y la razón tienden, armónicamente, hacia
la misma verdad, siguiendo, en esto, las enseñanzas de los Doctores de la
Iglesia y, de modo especial, de Santo Tomás de Aquino" (Concilio
Vaticano II, Gravissimum educationis munus, nº 10).
La
capacidad "sintética" del pensamiento del Doctor Angélico es
generalmente reconocida y se ha expresado incluso en títulos como La
synthèse thomiste del gran teólogo Garrigou-Lagrange y, más
recientemente, en la Synthèse
dogmatique, del teólogo dominico Jean-Hervé Nicolas.
Que
en la síntesis doctrinal de Santo Tomás de Aquino ocupa un lugar decisivo
el pensamiento aristotélico es también generalmente admitido. Lo que se ha
discutido a veces, y también por autores valiosos, es si la "opción"
por el aristotelismo vino a ser en Santo Tomás algo así como un propósito
de atenerse a la cultura contemporánea más que la decisión de incorporar
instrumentos conceptuales del aristotelismo a la sistematización de la
doctrina sagrada. Pero si se asumiese, unilateral y exclusivamente, aquella
posición, según la cual Santo Tomás no habría intentado otra cosa que la
puesta al día de su tarea a la problemática y al sistema de opiniones
contemporáneos, se podría marchar en la dirección de la "relativización"
de cualesquiera de sus tesis y se tendería a ver en las insistentes
prescripciones y recomendaciones jerárquicas del estudio de Santo Tomás
exclusivamente una directriz de carácter pedagógico sin intención ni
contenido doctrinal sistemático.
Mi
convicción es que hay que tener presentes hechos como el precepto dado por
San Ignacio de Loyola en las Constituciones de la Compañía de Jesús:
"en lógica, filosofía natural y real se seguirá la doctrina de Aristóteles"
de imposible interpretación desde aquel relativismo historicista. León
XIII, al confirmar e interpretar auténticamente aquellas Constituciones en
sus Letras Apostólicas Gravissime Nos (30 de diciembre de 1892) establece que: "la
doctrina de Santo Tomás se ha de seguir no sólo en lo teológico, pues,
aunque según la regla se ha de seguir en filosofía a Aristóteles, la
filosofía de Santo Tomás no es otra que la aristotélica, porque el Angélico
interpretó esta filosofía con más competencia que nadie, la enmendó de
errores, la hizo cristiana y la utilizó en la exposición y vindicación de
la verdad católica".
He
aducido aquí estos actos de San Ignacio y de León XIII porque me dan
libertad de espíritu para afirmar mi convicción de que Santo Tomás recibe
la doctrina de Aristóteles porque la tiene por racionalmente verdadera, y,
precisamente, por cuanto "la doctrina sagrada usa de las autoridades de
los filósofos en lo que pudieron conocer la verdad por razón natural"
(S. Th. Iª Qu. 1ª, artº 8º, ad secundum). Tampoco
es difícil encontrar en su obra la expresión explícita de la intención
teológica de su opción aristotélica.
Por
esto, tengo por legítimo, doctrinal e históricamente, reconocer la
existencia, en Santo Tomás de Aquino, de una "filosofía
cristiana", que se menciona en el título de la Encíclica de León
XIII Aeterni Patris y de la que
habló también, hace pocos años, Juan Pablo II en la Fides et ratio.
De
aquí que, aunque reafirmando la distinción entre la ciencia sagrada y el
saber filosófico, sea una tarea legítima y urgente la de tratar de
comprender, en su armónica coherencia sintética, el sistema de pensamiento
de Santo Tomás de Aquino, en el que se conexionan y relacionan
inseparablemente los conocimientos teológicos y los filosóficos.
En
otra ocasión, en un acto de la SITA barcelonesa, traté de exponer algunas
líneas nucleares de la síntesis filosófica de Santo Tomás de Aquino. Me
propongo, en esta ponencia, indicar las líneas y nexos que nos permiten
comprender el pensamiento de Santo Tomás puesto al servicio de la
reinstauración del hombre en Cristo, en Quien constituyó Dios la
"unidad según síntesis" de la naturaleza humana de Quien había
de "salvar al pueblo de sus pecados" con Dios Verbo e Hijo del
Padre, enviado por Éste, hecho hombre, para que nosotros fuésemos partícipes
de la divina naturaleza.
De
aquí que el sistema de enunciados propuestos en este trabajo se centrará,
principalmente, en aquellos puntos nucleares de la Revelación en la Sagrada
Escritura o en la Tradición que han iluminado y orientado incluso las
tareas de la filosofía cristiana por haber sido nucleares en la tarea
secular de la elaboración de la doctrina sagrada, ya sea en su vertiente
"positiva", ya sea en su vertiente especulativa o escolástica.
Este
trabajo no pretende siquiera esbozar el trazado arquitectónico del edificio
de la doctrina sagrada y de los instrumentos filosóficos a su servicio que
abarca la obra de Santo Tomás de Aquino. Su objeto es sólo llamar la
atención sobre algunos puntos de partida y algunos movimientos conceptuales
que me parecen muy orientadores en su tarea y que ponen de manifiesto un
rasgo característico de su talante y actitud como pensador.
Santo
Tomás busca que sus raciocinios y sus afirmaciones no separen lo que en la
realidad creada por Dios está unido y a esto se dirigen sus tesis sobre las
estructuras acto-potenciales y a esto responde también su lenguaje de la
analogía según proporcionalidad, que configura su comprensión ontológica
de los diversos niveles de perfección en la escala de los seres.
Esta
misma actitud es también asumida por él en la sagrada Teología y
contribuye a que se eviten en ella doctrinas erróneas frecuentemente
enfrentadas antitéticamente entre sí y que, desde opuestos enfoques,
impiden pensar el misterio revelado desde la perspectiva en que Dios lo ha
instituido y nos lo ha comunicado. Por esto, afirma Santo Tomás, en muchas
ocasiones, que la verdad católica anda por el camino recto entre errores
opuestos.
En
la historia de la filosofía hallamos unilateralismos y monismos estáticos
o del devenir, o el mismo conocimiento humano es evaluado como lenguaje
conceptual postulando exclusivismos inmediatistas, o ejerciendo tales
inmediatismos en opciones antitéticas, o bien empiristas, desintegradoras
del conocimiento intelectual, o en "ontologismos" que, al
absolutizar como inteligibles "ideas" pretendidamente vistas,
sacrifican la realidad de lo singular y existente a la fingida absoluta
realidad de las ideas. Así, en lo dogmático, ha habido negaciones de la
gracia de Dios en nombre del libre albedrío humano, o negaciones del libre
albedrío humano en nombre de la gracia de Dios, negaciones de la verdadera
humanidad de Jesucristo en nombre de la divinidad del Verbo encarnado -que
así no sería ya el Verbo encarnado- o negaciones de la divinidad de Cristo
en nombre de la naturaleza humana del Mesías, que así no sería ya
reconocido como el Hijo de Dios, encarnado para nuestra salvación.
Heredero
de la tradición dogmática frente a los errores heréticos, Santo Tomás de
Aquino viene a ser el Doctor "encarnacionista" por antonomasia.
Por esto, he tomado como título de esta comunicación un Cánon dogmático
del V Concilio Ecuménico, II de Constantinopla, en el que se consideran
excluidos de la fe católica los que no confiesen "la unidad según síntesis
de Dios Verbo a Su carne, animada con alma racional e intelectual" (DS
nº 424). "Quienes siguen la impiedad de Apolinar y de Eutiques,
buscando la destrucción de las cosas que entre sí convienen, hablan de una
unión según la confusión; pero los secuaces de Teodoro y de Nestorio se
complacen en la división y ponen sólo una unidad de afecto. La Santa
Iglesia de Dios, rechazando la perfidia de una y otra impiedad, confiesa que
la unión de Dios Verbo a la Carne se ha obrado según síntesis (es decir,
según com-posición)" (DS nº
425; citado en S. Th IIIª, Qu. 2, artº 6, in c.).
La
grandeza especulativa y la poderosa fuerza orientadora para la vida humana
del pensamiento del Angélico se arraigan en la humildad intelectual por la
que sus afirmaciones manifiestan la verdad de una misma esencia dicha de
muchos individuos singulares existentes, de la realidad de la permanencia
substancial de los entes y de la realidad de sus cambios en diversas líneas
categoriales, utilizando el lenguaje analógico apto para afirmar los
singulares materiales como entes en los que su forma substancial está
sintetizada (puesta con) su materia individual; y, porque en todo devenir,
la permanencia de lo cambiante -sin cuyo reconocimiento no se podría
afirmar de algo que cambie- el pensamiento analógico afirma las "com-posiciones"
de capacidades activas "potenciales" respecto de sus actos u
operaciones.
Si
el pensamiento de Santo Tomás ha podido ser elogiado no sólo como receptor
del pensamiento verdadero tradicional, sino por su actitud integradora de
nuevas adquisiciones verdaderas y por su aptitud para la superación, casi
diríamos anticipativa, de errores que sobrevendrían en épocas posteriores
a la suya, se debe, radicalmente, a que, por el respeto ejercido por el
lenguaje de la analogía a todas las dimensiones de la realidad, se libró
del riesgo de asumir una categoría del ente para hacer desaparecer en ella
otras no menos reales que aquélla.
En
etapas diversas de la modernidad filosófica, la cantidad absorbió la
cualidad e, incluso, anuló, en nuestro pensamiento, la substancia material;
la relación ha sido instrumento de olvido o negación de los subsitentes
entre sí relacionados; la acción ha tendido a ser absolutizada hasta la
insania de olvidar el sujeto agente y suponer que, quien no es, es capaz de
obrar en su autorealización, para darse a sí mismo el ser, desde su propia
nada. San Agustín afirmaba, como la más grave idolatría, la de creer a
Dios como, Quien no siendo, se da el ser a Sí mismo.
Es
un signo de nuestro tiempo que lo que San Agustín suponía absurdo en Dios
y en el universo creado haya venido a ser hoy un concepto hegemónico que
destruye de raíz la íntegra tarea de la educación humana en la familia y
en la escuela, y ejerce una desintegración anárquica en muchas dimensiones
de la vida profesional, económica y política.
"Unidad según síntesis", fórmula dogmática que nos recuerda el modo cómo Dios obró la dispensación redentora, por la que Su Hijo, para ser Redentor del hombre, tuvo, en unidad sintética, la íntegra naturaleza humana de Jesucristo puesta con la hypóstasis divina del Hijo de Dios, es también, por lo mismo, como la consigna que nos viene del Doctor Angélico y que hará posible que afirmemos como "puestas juntamente", y no separadas ni enfrentadas, la fe y la razón, la gracia de Cristo y el hombre por Él redimido.
Francisco Canals Vidal
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