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UNIDAD
SEGÚN SÍNTESIS
VI. Para
leer a Santo Tomás, un consejo de Garrigou-Lagrange
La
experiencia de la esterilización de todo estudio que descuide el retorno a
las fuentes de una doctrina aludida por Pío XII en la Encíclica Humani
generis podría también darse aquí si el misterio ante el que nos
hallamos nos lleva a la perplejidad y al planteamiento desconcertado sobre
la presencia de la filosofía en la teología. El peligro simultáneo de
desdeñar los textos revelados como si fuesen adornos accidentales, o de
pretender leer los textos filosóficos como si no fuesen aquí instrumento
de doctrina sagrada, o no lo pudiesen ser en su sentido de verdades filosóficas,
hace oportuno atender a unas palabras del gran teólogo dominico Reginald
Garrigou-La Grange en Perfection
chretienne et contemplation (Libro
I, cap. 2) que mi maestro Ramón Orlandis creía aplicable,
proporcionalmente, en la comprensión y explicación de las enseñanzas
espirituales de San Ignacio en sus Ejercicios:
"Muchos
ingenios -escribió Garrigou- se asombran de que se busquen en Santo Tomás
los principios de la teología mística ... este juicio sobre el gran Doctor
proviene de una manera enteramente material de leer su obra. Tenemos gran
tendencia a materializarlo todo: la doctrina, la piedad, las reglas de
conducta, la acción ... hay tendencia a materializar las doctrinas más
altas, es decir, a tender a los elementos materiales que se adaptan más a
nuestro gusto y a perder de vista el espíritu, que es el constitutivo
formal del alma, del cuerpo doctrinal ... cuando se sigue este camino, su
pretexto de apoyarse en lo tangible, mecánicamente preciso,
indiscutiblemente cierto aun para los incrédulos, y se llega a explicar lo
superior por lo inferior: el alma por el cuerpo, la vida de la gracia por la
naturaleza, las doctrinas teológicas por las doctrinas filosóficas que se
han asimilado".
"Aun
con sincero deseo de instruirse, se puede leer a Santo Tomás desde este
punto de vista y, como en su doctrina teológica los elementos materiales o
filosóficos que intenta subordinar a la idea de Dios, autor de la gracia,
son en extremo numerosos, si la atención se detiene excesivamente en estos
elementos inferiores accesibles a la razón, en vez de elevarse a la cima de
la síntesis, se hallará oposición real entre su doctrina y la de los
grandes místicos".
"Se da, pues, una forma poco natural y anti-mística de leer y comentar la doctrina de Santo Tomás ... a la manera que es cosa muy fácil falsear un instrumento de precisión y es muy difícil repararlo, así nada más fácil que falsear la doctrina del Santo. Basta recalcar lo que tiene de secundario y material, y exponer de forma vulgar y sin relieve lo que en ella hay de formal y principal; de esta suerte se pierden de vista las cumbres luminosas que deben iluminar todo lo demás".
Francisco Canals Vidal
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