INTELIGENCIA ARTIFICIAL

La Iglesia en el Caribe invita a un debate responsable sobre la Inteligencia Artificial y la educación

(adn.celam.org).-La Iglesia católica en Santa Lucía, nación insular del Caribe oriental ubicada en las Antillas Menores, habla sobre el debate regional del uso de la Inteligencia Artificial (IA) en los sistemas educativos. A través de un comunicado firmado por el arzobispo Gabriel Malzairela Iglesia local invitó a una reflexión amplia y responsable sobre el impacto de estas tecnologías en la formación integral de niños y jóvenes.

Santa Lucía es un pequeño Estado insular situado entre el mar Caribe y el océano Atlántico, al norte de San Vicente y las Granadinas y al sur de Martinica. Aunque su tamaño geográfico es reducido, forma parte activa de los procesos educativos regionales del Caribe, particularmente a través del Consejo de Exámenes del Caribe (CXC), que define estándares académicos comunes para varios países caribeños.

El pronunciamiento del arzobispo Malzaire surge tras las preocupaciones expresadas por el Ministro de Educación y Transformación Digital de Santa Lucía, Hon. Kenson Casimir, en relación con el uso de herramientas de IA en las Evaluaciones Escolares Basadas en el Centro (SBAs) del CXC. Para el prelado, estas inquietudes “merecen una reflexión cuidadosa y una amplia participación nacional”, ya que tocan directamente el sentido de la educación y el desarrollo humano.

Inteligencia Artificial: oportunidad educativa y riesgo ético

En su mensaje, el arzobispo reconoce que la IA es una “fuerza inevitable y transformadora”, especialmente en un contexto donde los sistemas de evaluación avanzan hacia la integración de componentes escritos y digitales. Esta transformación, señala, ya está modificando la forma en que los estudiantes acceden, procesan y presentan la información.

Mons. Malzaire manifiesta que la IA puede convertirse en una aliada del aprendizaje, al potenciar la investigación, la creatividad y los procesos de aprendizaje personalizado. Sin embargo, advierte que permitir que las evaluaciones escolares se realicen íntegramente mediante estas tecnologías, sin controles ni salvaguardias, pone en riesgo la integridad académica. Un sistema de este tipo, señala, puede “socavar el propósito mismo de la evaluación”, que es medir la comprensión real, el pensamiento crítico y el esfuerzo propio del estudiante.

La preocupación no es aislada. El comunicado sitúa el debate de Santa Lucía dentro de un contexto global más amplio, donde distintos países ya están enfrentando los efectos de una exposición tecnológica sin límites en niños y adolescentes.

Miradas internacionales y desafíos regionales

El texto recuerda que Australia ha asumido un rol pionero al implementar, desde diciembre de 2025, medidas que restringen el acceso de menores a determinadas herramientas digitales, incluidas plataformas basadas en IA. Otros países europeos han comenzado a explorar legislaciones similares, reconociendo que la tecnología, si bien puede apoyar el aprendizaje, también puede afectar el desarrollo cognitivo y moral cuando se introduce sin límites claros.

En el ámbito caribeño, el comunicado recoge también aportes del arzobispo de Puerto España (Trinidad y Tobago), monseñor Charles Jason Gordon, quien ha advertido que el cerebro infantil aún se encuentra en proceso de desarrollo de capacidades clave como la función ejecutiva, el razonamiento moral, el juicio y la atención sostenida. Delegar estas funciones a las máquinas de manera prematura, señala, puede impedir su maduración. En ese sentido, recuerda que la IA “puede mejorar el rendimiento, pero no puede formar el carácter”, ni sustituir el cultivo de la sabiduría.

Desde esta perspectiva, la Iglesia en Santa Lucía insiste en que la educación debe seguir siendo un proceso humanoorientado a formar personas con disciplina, creatividad, resiliencia y conciencia ética.

Legislación, corresponsabilidad y futuro educativo

El mensaje del arzobispo Malzaire subraya que el desafío actual no es prohibir o permitir la IA de manera absoluta, sino integrarla responsablemente en el sistema educativo. Para ello, considera fundamental avanzar hacia una legislación clara que establezca directrices, límites y consecuencias frente a los abusos, tal como lo ha planteado el propio Ministro Casimir.

Al mismo tiempo, resalta la corresponsabilidad de toda la sociedad en este proceso. Padres de familia, docentes, líderes religiosos y actores cívicos están llamados a promover una cultura que valore la honestidad, el esfuerzo intelectual y la responsabilidad moral en el uso de la tecnología.

El arzobispo recuerda que el objetivo último de la educación no es solo formar estudiantes competentes, sino ciudadanos reflexivos, con principios y socialmente responsables. En este horizonte, la IA puede ser un apoyo valioso, siempre que no sustituya los procesos humanos de reflexión, esfuerzo y crecimiento personal.

La pregunta queda abierta al discernimiento colectivo: ¿pueden servir de referencia las legislaciones adoptadas por países como Australia, Francia, Dinamarca, Noruega, Reino Unido y España sobre el uso de la IA por parte de menores? Como concluye el mensaje episcopal: “Que comience la conversación”.

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