La Comisión Teológica Internacional publica el documento «Quo vadis, humanitas?» con motivo del 60º aniversario de Gaudium et Spes. El texto aborda los desafíos que plantean la inteligencia artificial, el transhumanismo y el posthumanismo, advirtiendo sobre los riesgos para la dignidad humana, la identidad y la justicia social, y proponiendo una visión cristiana de desarrollo humano integral orientada al bien común
(weca.it).-«¿Qué vadis, humanitas?» – «¿A dónde vas, humanidad?» Esta es la cuestión que se plantea en el núcleo del nuevo documento de la Comisión Teológica Internacional (CPI), publicado hoy al final de un periodo de trabajo de cinco años y aprobado por unanimidad en la sesión plenaria de 2025. El documento fue creado en el signo del 60º aniversario de la constitución pastoral Gaudium et Spes (1965-2025) y se sitúa en un contexto cultural marcado por la «reciente aceleración del desarrollo tecnológico» y la inteligencia artificial, que —como recuerda el Papa— «conllevan nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo». No es un texto que condene la tecnología, sino de discernimiento. La CTI reconoce el valor de las innovaciones científicas y tecnológicas, pero advierte contra el riesgo de que algunas perspectivas sobre el futuro del ser humano no produzcan un ser humano excepcional, sino «formas de excepción al ser humano auténtico».
Transhumanismo y posthumanismo
Una parte central del documento está dedicada a la comparación con el transhumanismo y el posthumanismo, presentados como «diferentes perspectivas en la comprensión de la naturaleza humana y el futuro de la humanidad». El transhumanismo sostiene que los seres humanos pueden y deben utilizar los recursos de la ciencia y la tecnología para superar los límites biológicos de la condición humana, hasta el punto de prever una «inmortalidad individual apoyada por la tecnología». El poshumanismo va más allá de esta lógica: cuestiona la especificidad de la forma humana y hace que «la frontera entre lo humano y la máquina sea completamente fluida». Según la Comisión, ambas corrientes suelen compartir una valoración negativa de la condición humana tal y como es.
Desde esta perspectiva, los teólogos hablan de «resentimiento hacia la vida real», que no puede constituir una base adecuada para pensar en el progreso humano.
En estas tendencias, el documento también reconoce los rasgos de lo que el Papa Francisco ha llamado «neognosticismo»: una salvación «meramente interior», que afirma liberar al ser humano del cuerpo, el cosmos y la historia. El CTI identifica cuatro elementos problemáticos recurrentes: el intento de reinventar radicalmente la identidad humana; un perfeccionismo «individualista y elitista» que hace superflua la condición humana actual; el riesgo de nuevas fracturas sociales entre una humanidad «empoderada» y una destinada a la exclusión; y una visión generalmente negativa de la experiencia religiosa, considerada un obstáculo para el progreso. En este contexto, el documento advierte que el conocimiento «sin cuerpo, límites, ataduras ni sentido moral» puede convertirse en «una amenaza para el verdadero bien de la humanidad.»
Transhumanismo y posthumanismo
El transhumanismo es un movimiento filosófico y cultural que aboga por el uso de tecnologías para superar los límites biológicos del ser humano, hasta el punto de prever la extensión indefinida de la vida y la «inmortalidad individual sostenida por la tecnología».
El posthumanismo, por otro lado, cuestiona la centralidad de la forma humana y propone una visión en la que la frontera entre el hombre, la máquina y el entorno se vuelve cada vez más fluida, hasta el punto de hacer «la frontera entre humano y máquina completamente fluida».
Vocación, identidad, drama
El documento no se limita a la crítica, sino que propone una lectura positiva de la condición humana articulada en cuatro categorías. La primera es el «desarrollo integral»: toda concepción del progreso debe orientarse hacia un «horizonte personal y social, acorde con el bien común». La segunda es la «vocación integral». «La vida del ser humano es una vocación», recuerda la Comisión, citando al Papa Francisco, y este llamado precede a toda respuesta humana. La tercera categoría es la «identidad», descrita como «don y tarea»: no una realidad inmóvil sino una dinámica construida en relaciones, en corporaridad, en pertenecer a un pueblo y en la relación con Dios. La cuarta es la «condición dramática» de la existencia.
El proceso de formación de la identidad personal se desarrolla a lo largo de la historia y cruza limitaciones, sufrimientos, pecados y fracasos, en un diálogo entre la libertad humana y la libertad divina.
En Cristo, afirma el documento, las tensiones que atraviesan la experiencia humana encuentran su cumplimiento: «no puede haber ‘trans’ o ‘post’ que la novedad de Cristo no haya integrado ya de antemano.» La última versión del texto está dirigida a los pobres. El desarrollo tecnológico, observa la CTI, tiende a favorecer sobre todo a quienes ya poseen poder y recursos, con el riesgo de que los más frágiles se conviertan en «daños colaterales, barridos sin piedad.» Por esta razón – recuerda el Papa León XIV en Dilexit te – «Cristo, con su amor dado hasta el final, muestra la dignidad de todo ser humano», una dignidad que no admite excepciones ni realzamientos selectivos.
