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Cibercondriacos, los enfermos imaginarios digitales

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La cibercondría describe a una persona hipocondríaca que busca de manera obsesiva información en internet  sobre los síntomas que experimenta tener o cree tener y que se deben a una enfermedad grave

(Aleteia).-Jean-Baptiste Poquelin, conocido como Molière, autor teatral francés dio vida e interpretó en su obra “El enfermo imaginario” a Argan, un burgués  que cree estar siempre enfermo, con lo que logra los cuidados permanentes de su esposa, Béline.

Como Argan, muchas personas padecen en algún momento de su vida los efectos de la hipocondría o la sensación de padecer una enfermedad grave cuando en realidad son síntomas provocados por los nervios o la ansiedad.

Las personas hipocondríacas sufren un pánico irracional a la muerte, al dolor, a la debilidad y viven en un permanente estado de alerta que les lleva a centrar la atención, incluso a obsesionarse, con en el funcionamiento normal del cuerpo: los latidos del corazón, una mancha en la piel,  los movimientos reflejos, los ruidos intestinales, la tensión, etc…y que interpretan como síntomas de una enfermedad.

En ocasiones este trastorno aparece después de que la propia persona o alguien de su entorno haya sufrido una enfermedad larga, dolorosa o que haya muerto.

Actualmente, la mayoría de personas utilizan internet para encontrar un diagnóstico rápido sobre la enfermedad que experimentan.

Las personalidades hipocondriacas, conocidas como cibercondríacas, navegan por la red con la obsesión de encontrar la enfermedad con la que se corresponden los síntomas que padecen o creen padecer. No se trata de una simple consulta en Internet, sino que la búsqueda se realiza en base a la percepción de estar enfermo y a la necesidad de comprobarlo.

“El que teme sufrir ya sufre el temor” (proverbio chino)

Para los hipocondriacos ocuparse de su estado de salud es una obsesión. Viven en continua preocupación porque están todo el día pendientes de “eso” que está ahí, es decir, los síntomas. Suele tratarse de personas con una personalidad ansiosa, perfeccionista y de pensamiento rígido y reacias al cambio.

Los expertos señalan que buscar información sobre posibles síntomas y enfermedades es positivo  pero internet no es una fuente de diagnósticos y tratamientos y no sustituye el criterio médico. Leer, constantemente,  sobre síntomas y enfermedades genera una ansiedad y una preocupación innecesaria.

10 reglas para afrontar el pánico a tener una enfermedad grave 

Los investigadores Mathews, Gelder y Johnston proponen estas diez claves para afrontar el pánico a enfermar:

  1. Recuerda que las sensaciones corporales que experimentas cuando te agobias son las reacciones normales del estrés pero en este caso de manera exagerada. No te dejes llevar por pensamientos catastrofistas.
  2. Estas sensaciones no son en absoluto perjudiciales ni peligrosas. Son únicamente desagradables. Puedes soportarlo, tu cuerpo está preparado para experimentar estrés en millones de ocasiones.
  3. Corta de raíz los pensamientos reincidentes sobre lo que está sucediendo. Si les das importancia, aumentará el pánico. ¡Son emociones!
  4. Observa tu cuerpo justamente ahora, en este momento, y no te imagines lo que temas que pueda suceder. Centra tu atención en “aquí y ahora mismo no me pasa nada. Estoy bien”
  5. Dale tiempo al miedo para que se vaya. No luches contra él, ni te fuerces a que desaparezca. Simplemente respira, espera y deja que se retire poco a poco.
  6. Comprueba que cuando dejas de añadir pensamientos atemorizantes, el miedo se atenúa, y se va por sí solo.
  7. Recuerda que el objetivo es aprender a afrontar el miedo sin evitarlo, por lo tanto, cada ataque es una oportunidad para ir interiorizando que al final del camino sigues estando ahí.
  8. Piensa en cuánto has avanzado a pesar de todas las dificultades, y anticipa la sensación de haberlo superado.
  9. Cuando comiences a sentirte algo mejor, mira a tu alrededor y planea qué vas a hacer después. Procura que sea algo que te guste como por ejemplo salir a dar un paseo y tomar algo, mirar una serie o relajarte un rato en una tumbona.
  10. Cuando retomes lo que estabas haciendo, hazlo de forma relajada, siendo consciente del obstáculo que acabas de saltar. Y felicítate. Después, con calma, analiza lo que más te ha ayudado, para echar mano de ello si te vuelve a ocurrir.

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