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Ermitaños tecnológicos

La mayoría de los niños de hoy prefieren la tableta, los videojuegos o el móvil antes que jugar en pandilla, perdiéndose etapas claves de aprendizaje para el establecimientos de las relaciones humanas

(elperiodico.com).-Es frecuente mirar con pavor la paja en el ojo ajeno y escandalizarse por ella. Casi es lo que nos sucede hoy cuando contemplamos, con estupor y casi mofa a los modernos anacoretas, cenobitas y ermitaños, que vienen amparados por la tecnología como medio de supervivencia y religión. Si antes se recluían en cuevas y montañas, ahora se hace en la soledad más escabrosa, la que se tiene “en el desierto de gente” que cantaban Los Rodríguez, y que se circunscribe a las urbes más pobladas del planeta.

Los ‘hikikomoris’ japoneses llamaron la atención sobre un fenómeno que se extiende silenciosamente y de manera exponencial en las sociedades más acomodadas, en cuanto al acceso a las tecnologías de la comunicación y la información y, hay que reconocerlo, la garantía de supervivencia fisiológica que no exige la implicación del tiempo personal para conseguir víveres. Si se vincula a un trastorno evitativo y a la intolerancia a la frustración, es fácil reconocerlo en el amparo que las redes sociales y platafomas de contacto ofrecen para eludir el rechazo y proyectar los anhelos, deseos y carencias en alias o avatares que posean las cualidades idealizadas para el usuario.

Así, resulta mucho más placentero y menos decepcionante dedicar varias horas al día a chatear imbuidos en la piel de ‘quijotes’ y ‘dulcineas’ y, según venga la cosa, dar la callada por respuesta a modo de bloqueo ─ya se sabe, las reacciones instintivas al estrés: huida, ataque o evitación─, poner excusas en vez de afrontar (no eres tú, soy yo) o convertirse en un ‘troll’ perseguidor, muchas veces amparado en el anonimato. Y no digo ya, si en modo venganza, uno se pone a difundir vídeos o ‘fakes’ sin ser consciente de la gravedad de las posibles consecuencias, como hemos vivido recientemente.

La mayoría de los niños de hoy prefieren la tableta, los videojuegos o el móvil antes que jugar en pandilla, perdiéndose etapas clave de aprendizaje para el establecimiento de las relaciones humanas. Con nuestros precedentes, no cuesta demasiado imaginarse el futuro.

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