CULTURA DIGITAL

La comunicación en la Asamblea Eclesial Latinoamericana y del Caribe no fue artificial

El Consejo Episcopal Latinoamericano conversó con el Secretario del Dicasterio para la Comunicación, monseñor Lucio Adrián Ruiz sobre la reciente Asamblea Eclesial Latinoamericana y del Caribe, realizada en México y sobre la primera etapa del proceso que culminará en 2023 con el Sínodo de Obispos sobre la sinodalidad en la Iglesia.

Ángel Morillo – Celam

(vaticannews.va).- Monseñor Lucio Adrián Ruiz, Secretario del Dicasterio  para la Comunicación, ingeniero de telecomunicaciones y teólogo, coordina las iniciativas vaticanas en materia de comunicación, tuvo la oportunidad de vivir en primera persona la Asamblea Eclesial, donde experimentó lo que define como “auténtica pedagogía del diálogo”.

 ¿Qué enseñanza le dejó estar presente en la Asamblea?

Lo más importante fue experimentar a todo el Pueblo de Dios hablando, más allá de las conclusiones o líneas de acción posteriores. Tal y como yo lo percibí, hubo un verdadero diálogo. Se hizo un proceso de escucha que desembocó en un compartir de preocupaciones e ilusiones. En definitiva, caminando juntos con el Evangelio y desde la vida eclesial.

Mil personas conectadas durante cinco días en un encuentro virtual. Antes de la pandemia que impuso las reuniones online, era impensable…

Esta conexión para rezar, pensar y compartir habla de una madurez latinoamericana a la hora de buscar medios que contribuyan a la comunión. Las semillas de trabajar juntos que se vienen sembrando desde los años 90 ahora florecen y se hacen visibles con estos medios. Ciertamente la pandemia dio el toque final a todo, pero lo virtual cayó en un continente fecundo para el diálogo y el trabajo en equipo. La naturalidad con la que unos y otros se movían y expresaban a través de la pantalla es reflejo de que había mucho más de fondo que unos medios tecnológicos que facilitan la cercanía y la instantaneidad. En la Asamblea no había una comunicación artificial sino natural.

Lo virtual no puede sustituir a lo presencial, pero en esta Asamblea ha roto muros y tejido redes…

Cuando se convoca a todo un continente en un tiempo donde resulta complicado garantizar la movilidad, no se trata de valorar si era mejor o peor una Asamblea presencial. Si tú te encontrabas en un lugar del que no podías salir por el confinamiento, o te conectabas a través de la pantalla o no participabas. Para el que pasa de cero a uno ya es un éxito estar, porque es signo de que existes.

En otras palabras, se ha aplicado la idea del hospital de campaña del Papa. Para celebrar la Asamblea, lo de menos era medir si la conexión tenía el colesterol alto o bajo. Lo importante en este caso era conectarse para que tu voz se escuche. Y se escuchó.

Durante su intervención en la Asamblea, insinuó que esta experiencia puede suponer un hito comunicativo para la Iglesia…

Sin querer exagerar, se trata de la primera vez que la Iglesia usa masivamente una plataforma social, no solo para lo que otros podrían considerar un evento de trabajo, sino para vivir, con lo que implica el verbo vivir, un acontecimiento aterrizando la sinodalidad.

Pero, insisto, esta apuesta de diálogo conjunto virtual ha funcionado, no por los medios tecnológicos, sino por el camino de comunión hecho en América Latina, por esa dinámica de participación y de conciencia de comunidad previas.

¿Cómo se comunica la sinodalidad?

¿Cuál es el gran tema del Sínodo? Escuchar y que todos tengan la oportunidad de hablar. Si damos las herramientas para que todos participen y creamos un clima para que todos se sientan parte, podemos hacer que todos existan de verdad como Pueblo de Dios.

Ha capitaneado el libro que recoge todas las alocuciones de Francisco en los momentos más duros de la pandemia.

¿Aquella oración ante la cruz en la soledad de san Pedro marca un antes y un después a la hora de comunicar y ser Iglesia?

No se puede decir que aquel Statio Orbis marcó un antes y un después, pero sí tiene una fuerza icónica más que relevante en materia comunicativa y de fe. Aquella noche Francisco condensó un sentir común, un vivir comunional. La gente ese día aparcó los porqué sobre el coronavirus y a través de los medios solo buscó rezar, buscaban bendición y fueron bendecidos. A través de aquella conexión desde Roma, la gente reavivó su fe.

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