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Mons. Lucio Ruiz: “La tecnología no es algo neutral a los ojos del Papa”

Mons. Lucio Ruíz, Secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Sanata Sede.

Mons. Lucio Ruiz, Secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede.

(vaticannews.va).- En el cuarto aniversario de la Encíclica Laudato Si’, el Secretario del Dicasterio para la Comunicación habla de la novedad del enfoque del Papa sobre la crisis ecológica y su relación con las innovaciones tecnológicas.

– Han pasado ya cuatro años desde la publicación de la Encíclica Laudato Si’ y parece que aun no ha salido a la luz toda la profundidad de su valor. ¿Cuál es su principal contribución?

Laudato Si’ fue una gran sorpresa para la Iglesia y para el mundo. Nunca antes un Pontífice había abordado la crisis ecológica de una manera tan holística y con un enfoque tan original. De hecho, este documento pontificio amplía la mirada sobre el origen de la crisis ecológica y se enfoca en sus causas humanas más que en los efectos de la degradación de los diversos ecosistemas. Por lo tanto, el Papa afirma que el detrimento de la naturaleza proviene sobre todo de un desorden político, económico y social, más que de circunstancias biológicas y climáticas.

En su reflexión insiste en señalar al modelo “tecnocrático” (diverso de tecnológico) de desarrollo entre los principales responsables de la situación actual que, por cierto, también genera un deterioro en la calidad de vida humana y una degradación social. En síntesis, Papa Francisco ofrece un análisis más integral de este problema que aflige a cada habitante de la tierra o de “nuestra casa común”, como él llama a nuestro planeta.

– Según el Papa, ¿es la tecnología el principal problema de este modelo tecnocrático?

No, el punto no es la tecnoloía. De hecho, el Papa concibe la tecnología como una herramienta muy útil, como un gran fruto de la creatividad humana que hemos recibido como don de Dios, y que tenemos la responsabilidad de desarrollar. Sin embargo, debemos ser conscientes de que aunque las innovaciones tecnológicas hayan sido concebidas para un bien, pueden ser utilizadas para un mal o para otro fin, distinto de aquel que se pensó en su origen. Por lo tanto, la tecnología no es algo neutral a los ojos del Papa, ya que lo mismo que puede fomentar el desarrollo, también puede generar problemas ambientales, sociales, económicos y políticos a gran escala.

Papa Francisco nos advierte sobre el rol de la tecnología instrumentalizada en el “modelo tecnocrático”. Así, la realidad se mide y se administra solo desde un enfoque económico, lo que es una aproximación muy reduccionista. Por lo tanto, las dimensiones ambientales, sociales, psicológicas y espirituales de la sociedad humana ocupan un segundo plano y no se tienen en cuenta a la hora de tomar decisiones políticas, económicas y sociales, tanto a nivel local como mundial. Al fin y al cabo, este tipo de método perjudica a la humanidad, en particular a las personas más vulnerables.

Diariamente podemos constatar que algún tipo de aplicación tecnológica disminuye la dignidad de las personas y de las comunidades y está lejos de contribuir a una verdadera promoción humana. El Papa es muy fuerte en este punto, y por eso afirma que “un desarrollo tecnológico y económico que no deja un mundo mejor y una calidad de vida integralmente superior no puede considerarse progreso” (LS 194).

– ¿La tecnología tiene un impacto en la misión de la Iglesia o es solo un mero suministro para sus tareas?

La tecnología, ante todo, tiene un carácter misionero, porque a través de ella tenemos un alcance infinitamente mayor para el anuncio del Evangelio. Con la ayuda de la tecnología somos capaces de ponernos en actitud de “Salida” hasta los “extremos confines de la tierra”, de ir al encuentro de aquellos que no tienen la oportunidad de recibir las palabras de vida que implica el mensaje evangelizador allí donde se encuentran. Nosotros utilizamos la tecnología como una herramienta maravillosa para misionar.

En efecto, toda tecnología de la comunicación no solo facilita, sino que también permite que esa misionalidad propia de la Iglesia sea vivida de manera más eficaz y creativa, pero sobre todo más cercana a cada ser humano acompañándolo en cada momento de su vida. Así podemos llegar a aquellos que viven en las periferias territoriales y existenciales a las que, de otro modo, no podríamos llegar. Me gusta pensar la tecnología como la extensión de la boca, de las piernas, de las manos del Papa, para abrazar y bendecir a cada persona en todo el mundo.

Pocos meses después de haber asumido como sucesor de Pedro, el Papa promovió una reforma de la Curia Romana para responder mejor a la misión. También para llevar a cabo una gestión pastoral más fecunda y un gobierno de la Iglesia más eficaz y transparente. Esta reforma ha supuesto para la Santa Sede una reestructuración organizacional de grandes proporciones en la que los criterios provistos por la encíclica Laudato Si’ han sido una referencia permanente, especialmente en nuestro Dicasterio para la Comunicación.

Lo que hemos hecho aquí fue repensar nuestro uso y aplicación de la tecnología de una manera que esté alineada con Laudato Si’, para que todo sea más sostenible. Esto significa, al mismo tiempo, que estamos cumpliendo con nuestra tarea principal, que es la de aumentar la dimensión misionera de la Iglesia, fomentando una vez más nuestra actitud de «Salida» permanente para ir al encuentro de cada persona necesitada de la Misericordia y de la Ternura de Dios.

– ¿En qué tipo de hechos podemos ver que esos criterios se aplicaron en la reforma?

De muchas maneras… En particular, me gustaría destacar dos de ellas: un mejor uso de la energía y la preocupación por los trabajadores. Cuando implementamos el sistema de híper-convergencia con la Dirección Tecnológica del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede para integrar la gestión informatizada de las comunicaciones vaticanas, no solo pretendíamos ofrecer un servicio de óptima calidad, sino que, junto con esto, buscamos un equilibrio entre el fortalecimiento de nuestro capital humano y el adecuamiento del sistema a la nueva cultura en la que vivimos, la optimización de los recursos y una reducción considerable del impacto ambiental.

– Si el Papa Francisco promueve una ecología integral que cuida de los trabajadores, ¿cómo lograron hacerlo a través del proceso de reforma?

El Papa exigió firmemente que la reforma no implicara un despido general de trabajadores, aunque sí implicaba una adecuación de todos y de todo al nuevo sistema que respondiese “al nuevo contexto comunicativo”. Para Papa Francisco el tema del acceso al trabajo, y al trabajo decente, es una preocupación permanente, y no escapa a su reflexión sobre la crisis ecológica. En Laudato Si’, el Papa es categórico al advertir que «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma» (LS 128).

La reforma de las comunicaciones vaticanas implicó la reorganización de nueve entidades que se convirtieron en una única y nueva institución, el Dicasterio para las Comunicaciones, más ágil y eficiente para gestionar la comunicación institucional, periodística, teológica y pastoral. Nuestro desafío fue involucrar a los más de 600 trabajadores en este proceso de reorganización. Por lo tanto, siguiendo las enseñanzas del Papa, nuestro camino fue el de proporcionar a los trabajadores las habilidades apropiadas para el nuevo sistema. Todo esto implicó una reingeniería del sistema, no solo tecnológica, sino también humana, verificando las capacidades personales, promoviendo la capacitación y recreando una nueva organización y un nuevo flujo de trabajo.

– ¿Qué tipo de procesos de energía limpia gestiona el Dicasterio para la Comunicación?

Por ejemplo, a través de la aplicación de tecnologías convergentes, pudimos aumentar la cantidad de servicios, mientras que a través de la virtualización redujimos el número de aparatos para realizar los servicios. La implementación de un circuito cerrado de aire acondicionado nos permitió reducir considerablemente los metros cúbicos de aire a enfriar. También logramos un ahorro del 37% en el uso de energía de iluminación con el estudio del color en los ambientes y mobiliario. Al final de todo el largo proceso de reforma de la infraestructura tecnológica, hemos observado un ahorro energético del 30% respecto al sistema anterior, lo que supone unos 2.200 MW/h de electricidad menos cada año. Hasta ahora, desde el inicio de la reforma hemos sido capaces de reducir 1.000 toneladas de CO2 al año.

– ¿Ha intentado la Santa Sede dar una señal internacional con este tipo de buenas prácticas?

El Papa espera que esto sea una invitación y una referencia a nivel eclesial para todas las comunidades católicas del mundo, que ven en los signos de la Santa Sede una forma concreta de actuar en la vida cotidiana y en su relación con el medio. Cada lugar debe implementar soluciones creativas para poder colaborar en la conservación del ambiente.

A veces el Papa ha sorprendido a la Iglesia y al mundo usando la palabra «revolución» para expresar cómo deben actuar los católicos en medio de la sociedad. ¿Esta perspectiva de la ecología es una especie de revolución?

En Laudato Si’, ante la realidad de la descomposición de muchos vínculos sociales, el Santo Padre advierte que «todo esto demuestra la urgente necesidad de avanzar en una audaz revolución cultural» (LS 114). El Papa es un comunicador, sabe perfectamente cuándo y cómo usar su vocabulario. Le gusta usar la palabra revolución como algo que viene a romper esos órdenes perniciosos que se han establecido en la sociedad. Por ejemplo, en varias ocasiones se ha referido a una “revolución de ternura”, como un acto subversivo del cristianismo para superar el odio y el egoísmo.

Esta encíclica es particularmente revolucionaria al afirmar que en la naturaleza “todo está conectado”, que somos parte de una sola creación, que es un sistema verdaderamente integrado. Así, cada uno tiene una responsabilidad única en el cuidado del medio ambiente, todos somos personalmente responsables. Nadie puede ignorar la crisis por la que atraviesa el planeta, porque cada habitante de la tierra forma parte de ella y, por lo tanto, debe cuidarla para sobrevivir y preservarla para las generaciones futuras.

– ¿Dónde podemos ver que esta «revolución cultural» está operando en el Dicasterio para la Comunicación?

La reforma de las comunicaciones vaticanas supuso una renovación en la forma de gestionar la información. Un ejemplo concreto de cómo esto se convirtió en un paso adelante fue la acogida que se dio a las nuevas técnicas de comunicación y su utilización para fortalecer la comunión humana en la diversidad lingüística y cultural. Esto es parte de la “revolución cultural” que configura la reforma.

De hecho, el modelo aplicado en las técnicas de comunicación y en las líneas editoriales permitió la creación de una plataforma multimedial, multilingüística y multicultural donde hoy convergen contenidos producidos por más de 30 equipos de países de los cinco continentes. La tecnología se puso al servicio de nuestra misión evangelizadora con un claro énfasis en la promoción humana y en hacer cercano a la gente el Mensaje.

La plataforma digital VaticanNews tiene una creciente presencia en las redes sociales, con una clara tarea de proporcionar información de calidad y ofrecer elementos para contribuir al debate social. En medio de un tsunami informativo en las redes sociales, donde la verdad ha pasado a un segundo plano y los niveles de violencia verbal y descalificación son muy altos, el Papa nos dijo en Laudato Si’ que «esto nos exige un esfuerzo para que esos medios se traduzcan en un nuevo desarrollo cultural de la humanidad y no en un deterioro de su riqueza más profunda» (LS 47).

– El Papa ha alertado con frecuencia sobre el daño que la dependencia digital genera en las familias y sociedades. ¿Cómo vincula esto con la crisis ecológica?

Como podemos observar casi a diario, el Papa Francisco está muy preocupado por los efectos que la contaminación digital puede tener en las relaciones sociales, ya sean interpersonales o intercomunitarias. Más aun en medio de las familias. La mediatización a través de las pantallas y la pérdida de la presencia del interlocutor han favorecido una despersonalización de la comunicación intersubjetiva. Dice que uno de los grandes riesgos de este modo generalizado de comunicación humana es que «nos permite elegir o eliminar relaciones por capricho» (LS 47). El Santo Padre insistido en la necesidad urgente de desprenderse de los dispositivos para no deshumanizarse.

Pero la responsabilidad de promover el uso de la tecnología a escala humana recae principalmente en la educación dentro de la familia. Una persona no puede molestarse y quejarse porque sus hijos siempre están conectados a un dispositivo electrónico sin analizar su relación directa y presencial con ellos. Es decir, esa persona debe preguntarse cuánto tiempo comparte con sus hijos, y si es realmente tiempo de calidad, dedicación y creatividad.

– ¿Puede darnos algunos ejemplos de cómo el Papa Francisco contribuye a esta revolución a través de las redes sociales?

El nivel de los seguidores de las cuentas del Santo Padre es enorme. Su cuenta de Instagram tiene 6 millones de seguidores, y en Twitter tiene 47 millones, lo que lo convierte en el segundo líder mundial más seguido de la plataforma. Pero lo que me gustaría destacar es que, a diferencia de muchos, el Papa no utiliza sus cuentas para polemizar, agredir o descalificar, sino que a través de ellas transmite lo que podría resumirse como el Evangelio de la Ternura.

Con el concepto de Ternura sintetiza el acercamiento a un mundo herido por el odio, la guerra y la marginación de los indefensos y que, por tanto, requiere conocer a un Dios que viene a su encuentro para curar sus heridas. Este es el tenor permanente de los mensajes del Papa, que quiere contribuir a generar una cultura de respeto y amor verdadero, personal y cívico, que renueve la faz de la tierra. Desde su punto de vista, esto está directamente relacionado con la crisis ambiental, y por eso Papa Francisco llama a una conversión ecológica integral que fomente el desarrollo contemporáneo para que sea un verdadero progreso humano y no una mera evolución técnica.

– ¿Cómo ha incluido el Papa Francisco la tecnología en su Pontificado?

Desde el punto de vista de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs), se ha mostrado muy entusiasta de aprovechar las redes sociales para llegar a más y más personas con el Evangelio. Es activo en la producción de contenidos de todos los posteos que salen desde sus diferentes cuentas digitales. Así, en la medida de sus posibilidades, contribuye a esta revolución tecnológica y cultural.

El Papa sabe perfectamente que la cultura actual está cada vez más y más marcada por la comunicación. Y aunque, por supuesto, no es un geek, es muy consciente de la importancia de usar la tecnología adecuada en la misión de la Iglesia. Por eso está abierto a recibir todo tipo de sugerencias sobre el uso de la tecnología y a apoyarla en la implementación de nuevas estructuras y proyectos en el Vaticano, siempre con el fin de estar más cerca de las personas y aumentar la dimensión misionera de la Iglesia.

Creo que el Papa Francisco hizo una síntesis muy consistente de su pensamiento personal sobre las tecnologías el día que abrió su canal Instagram. En su primer posteo declaró: «Comienzo este nuevo camino para marchar con ustedes por la vía de la Misericordia y de la ternura de Dios».
 

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