Misioneros digitales

Costa Rica: Hechos 29 lleva a los misioneros digitales de las pantallas al encuentro con las comunidades

El encuentro internacional reflexionó sobre los desafíos de la evangelización en internet y llamó a superar la lógica de las métricas para construir una presencia digital capaz de generar encuentro, acompañamiento y comunidad. La tercera jornada trasladó esta reflexión a las calles, espacios culturales y lugares de fe de Costa Rica.

(adn.celam.org).-El encuentro internacional Hechos 29, que reúne en Costa Rica a misioneros y evangelizadores digitales de distintos países, puso durante su segundo y tercer día una pregunta para la reflexión: ¿cómo pasar de publicar contenidos en internet a generar verdaderos encuentros con las personas?

Las jornadas combinaron formación, celebración, trabajo comunitario y experiencias fuera de las pantallas. La propuesta tuvo como objetivo profundizar en la identidad del misionero digital y en los desafíos que plantea una evangelización que va más allá de las redes sociales y los invita a conectar los espacios virtuales con la vida de las personas y las comunidades.

El encuentro toma su nombre del capítulo 29 imaginario de los Hechos de los Apóstoles. El libro bíblico termina en el capítulo 28, pero la misión continúa. Para los participantes de esta sexta edición, esa historia también se escribe hoy en internet, allí donde millones de personas conversan, buscan respuestas, comparten sus experiencias y construyen vínculos.

La misión no es una competencia

El segundo día comenzó con la celebración de la Eucaristía, presidida por el padre Melson Andrés Correa, de Colombia, y una reflexión inspirada en la parábola de los trabajadores de la viña. El relato permitió abordar una de las tentaciones frecuentes entre quienes desarrollan su misión en internet: compararse con otros. El número de seguidores, las reproducciones o el éxito de una publicación pueden llevar a preguntarse por qué determinado contenido funciona mejor que otro o por qué alguien alcanza mayor visibilidad.

Frente a esta lógica, la reflexión invitó a recordar que los misioneros digitales no compiten entre sí, sino que forman parte de una misma misión. Si el contenido de otra persona ayuda a alguien a recuperar la esperanza, acercarse a Dios o reencontrarse con una comunidad, ese fruto también forma parte de la tarea evangelizadora.

La propuesta se sintetizó en tres acciones: salir, mirar y alegrarse. Salir hacia los lugares donde están las personas, mirar más allá de las métricas y alegrarse por el bien que otros realizan.

La misión digital, una nueva página de la historia misionera

La jornada estuvo a cargo de monseñor Lucio Adrián Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede, quien planteó que la misión digital no puede entenderse simplemente como una estrategia de comunicación. Los nuevos “confines” a los que la Iglesia está llamada a salir ya no son únicamente geográficos. También existen fronteras culturales, existenciales y antropológicas que requieren nuevas formas de presencia y acompañamiento.

En este contexto, Mons. Ruiz invitó a reconocer la misión digital como “una nueva página de su historia misionera”. A partir de las conclusiones del Grupo de Estudio 3 del Sínodo sobre la Sinodalidad, dedicado a la misión en los ambientes digitales, señaló la importancia de integrar esta dimensión en la vida ordinaria de la Iglesia.

Esto implica reconocerla dentro de las estructuras de las Iglesias locales y de los movimientos, acompañar a quienes realizan misión en los espacios digitales y ofrecerles una formación permanente que contemple dimensiones espirituales, teológicas, técnicas y sinodales. Para iluminar esta tarea, Mons. Ruiz recurrió a diversas imágenes del Evangelio: el Buen Pastor que sale al encuentro, el Buen Samaritano que reconoce el sufrimiento, los discípulos de Emaús que escuchan y acompañan, el Padre misericordioso que acoge y los discípulos de Pentecostés que comunican de manera que otros puedan comprender.

De crear contenidos a acompañar personas

El padre José Juan Montalvo, conocido como “Padre Borre”, compartió la identidad de quienes realizan misión en el entorno digital. Explicó que la misión digital es una acción evangelizadora que se desarrolla dentro de la cultura digital y que, por tanto, no consiste únicamente en utilizar las redes para difundir contenidos. Su horizonte es más amplio: generar encuentros, crear comunidad y acompañar personas.

El misionero digital tampoco puede ser reducido a la figura del influencer. En esta tarea participan creadores de contenido, ilustradores, podcasters, administradores de cuentas parroquiales e institucionales, músicos, editores, diseñadores, community managers, reporteros, fotógrafos y muchas otras personas que ponen sus capacidades al servicio de la evangelización.

Padre Borre planteó además una distinción entre digitalizar la pastoral y hacer pastoral digital. Digitalizar una actividad pastoral significa trasladar al entorno virtual algo que ya se realizaba, como publicar avisos o transmitir una celebración. La pastoral digital, en cambio, supone desarrollar una misión propia dentro de la cultura digital, comprender sus lenguajes y acompañar a quienes habitan estos espacios.

Entre las pantallas y la vida real

La relación entre el mundo digital y la vida concreta fue también abordada por el argentino Agustín Podestá, conocido en redes como @hablemosdeteologia. Su reflexión se centró, entre otros aspectos, en la manera en que las dinámicas de los algoritmos pueden invisibilizar las realidades de las personas más vulnerables. Frente a ello, llamó a recuperar una mirada capaz de reconocer a quien necesita ayuda y salir a su encuentro.

También subrayó que la manera de comunicar forma parte del mensaje. Hacer misión digital exige poner rostro a la comunicación y recuperar su dimensión humana. Una de las preguntas planteadas durante la jornada apuntó directamente a las comunidades eclesiales: ¿están preparadas para recibir a las personas que tienen un encuentro digital con ellas?

La respuesta exige comprender que la misión se desarrolla entre lo digital y lo presencial. Las plataformas pueden abrir puertas, pero no sustituyen la experiencia de una comunidad. El desafío del misionero digital es, precisamente, ayudar a conectar ambos mundos y favorecer caminos hacia una vida comunitaria concreta.

¿Qué estamos sembrando en internet?

La división y la polarización en las redes sociales fueron el eje de la intervención de Verónica Brunkow, quien formuló una pregunta dirigida a quienes realizan misión en internet: “¿Qué estamos sembrando: trigo o cizaña?” A partir de nueve tentaciones de la misión digital inspiradas en Evangelii Gaudium, identificó algunos riesgos que pueden afectar esta tarea: la falta de oración, la autorreferencialidad, el desánimo provocado por las métricas, el consumo pasivo de contenidos, el aislamiento, las confrontaciones en redes, una espiritualidad desconectada de las necesidades sociales, el llamado “ghetto digital” y la tentación de mantener las cosas bajo la lógica de “siempre se ha hecho así”.

Para Brunkow, muchas de estas tentaciones tienen una raíz común: colocar el propio ego en el centro de la misión. Como alternativa, propuso recuperar distintas figuras evangélicas: el sembrador, el Buen Pastor, Emaús, la levadura, Juan Bautista, la Samaritana y Betania, como referentes para construir una presencia digital que favorezca el encuentro, la comunión y la vida.

Las reflexiones fueron llevadas posteriormente a mesas de trabajo, donde los participantes analizaron cómo desarrollar estructuras y proyectos de pastoral digital en sus parroquias, diócesis y comunidades, relacionando los contenidos del encuentro con sus propias experiencias.

Hechos 29 sale a las calles de Costa Rica

El tercer día del encuentro llevó esta reflexión directamente al territorio. Los participantes dejaron por unas horas las pantallas para recorrer espacios históricos, culturales y religiosos de Costa Rica y encontrarse con las comunidades del país anfitrión.

La jornada comenzó en el Museo Nacional y el Teatro Nacional de Costa Rica, y continuó en la Catedral Metropolitana de San José. Posteriormente, los misioneros digitales llegaron a la parroquia Virgen del Pilar, en Tres Ríos, La Unión, Cartago, donde compartieron con la comunidad y conocieron una de sus expresiones culturales más representativas: la cimarrona con mascarada. Esta tradición combina música de instrumentos de viento y percusión con figuras inspiradas en personajes y leyendas costarricenses, entre ellas La Llorona, El Cadejo y los payasos.

El recorrido incluyó también una visita al volcán Irazú y posteriormente a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, uno de los principales lugares de peregrinación del país y santuario de “La Negrita”, advocación mariana relacionada con la identidad religiosa y cultural costarricense.

“No dejen de anunciarlo”

La jornada concluyó en la Catedral de Cartago con una celebración eucarística presidida por monseñor Mario Enrique Quirós Quirós, obispo de la Diócesis de Cartago, y una homilía a cargo de monseñor Lucio Adrián Ruiz.

El secretario del Dicasterio para la Comunicación reflexionó sobre el amor de Dios como origen de toda misión y recordó que quien ha experimentado la fe está llamado a comunicar aquello que ha vivido. “No dejen de anunciarlo, a tiempo y a destiempo, en redes y fuera de ellas”, fue uno de los llamados realizados durante la celebración.

Mons. Ruiz subrayó que la misión no requiere personas perfectas, sino personas dispuestas a poner al servicio de los demás lo que son, saben y tienen. De este modo, las capacidades personales, también aquellas vinculadas con la comunicación y las tecnologías, pueden convertirse en herramientas para llevar esperanza y acompañamiento a otros.

Misión que continúa más allá de las pantallas

El tercer día terminó con una cena y un espacio de convivencia con la comunidad de Cartago, acompañado de comida tradicional, música y baile. La experiencia permitió a los participantes de Hechos 29 recorrer parte de la historia y la cultura de Costa Rica, acercarse a sus tradiciones y compartir con sus comunidades. El gesto palpable puso en práctica una de las principales convicciones expresadas durante las jornadas: la misión digital no termina en internet.

Las redes pueden ser lugares de encuentro y evangelización, pero la misión está llamada a reconocer a las personas que existen detrás de cada pantalla, escuchar sus preguntas, acompañar sus procesos y abrir caminos hacia la comunidad.

Hechos 29 propone una misión que no se mide únicamente por seguidores, reproducciones o alcance. Su desafío es hacer de los espacios digitales lugares donde pueda nacer un encuentro capaz de continuar en la vida real.

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