(osservatoreromano.va/it).-A Matteo Basilé le encantan los relojes rotos «porque dejan espacio para los sueños». Y quizás en esta imagen se esconda una de las claves de su investigación artística: la tensión entre lo visible y lo que escapa a la mirada, entre el tiempo mensurable y el de la imaginación. No es de extrañar entonces que, reflexionando sobre la relación entre el hombre y la tecnología, afirmara: «El humanismo hoy es una apuesta al cortocircuito: ¿podemos todavía hablar de alma, de gracia, de imaginación incluso en el lenguaje de las máquinas? Eso creo.»
Nacido en Roma en 1974 y perteneciente a la dinastía de artistas Cascella, Basilé está considerado uno de los pioneros europeos de la contaminación entre fotografía, arte digital y nuevas tecnologías. Durante más de treinta años ha realizado investigaciones que avanzan en los límites entre tradición e innovación, sagrado y contemporáneo, memoria y futuro. En su estudio, una antigua carpintería a las afueras de Roma, la inteligencia artificial se ha convertido en parte integral del proceso creativo y una investigación profundamente poética. El artista dijo que la «educó» en su propia mirada, en su forma de tratar la luz y en su atracción por ese ámbito sutil donde la belleza y la inquietud se acercan.
En varias entrevistas explicó que lo que le interesa contar de una persona o de un lugar es «la parte divina, pero también la oscura». De hecho, sus imágenes no intentan describir el mundo tal como es, sino evocar lo que se esconde detrás de la superficie de las cosas. Los largos años pasados en el Sudeste Asiático contribuyeron también a alimentar este diálogo entre diferentes culturas, espiritualidades e imaginarios.
La imagen elegida para la portada de Donne Chiesa Mondo pertenece a la serie Artemisia (2024), parte del proyecto Intermundia. El título recuerda un espacio suspendido «entre mundos», donde interactúan fotografía, pintura, inteligencia artificial y realidad aumentada. En el centro está el retrato, un género que Basilé reinterpreta en clave contemporánea sin romper el vínculo con la tradición figurativa italiana.
Las imágenes de Artemisia surgen a partir de retratos fotográficos realizados por la artista y posteriormente reelaborados mediante una inteligencia artificial entrenada en su propio lenguaje visual. No se trata, por tanto, de imágenes generadas de la nada, sino de transformaciones de un material fotográfico original que conserva intacta su fuerza narrativa y simbólica.
La Artemisia retratada por Basilé parece provenir a la vez de una época remota y de otra aún por imaginar. Tiene el rostro de una niña de hoy, Artemisia Levita, modelo y actriz de larga melena pelirroja. Pero la referencia a Artemisia Gentileschi es inevitable: cinco siglos después, la gran pintora sigue encarnando talento en el arte y coraje en la vida. En los estrechos espacios de la Roma del siglo XVII era la mujer la que tenía la fuerza para denunciar la violación que había sufrido y para lleve a su atacante ante los tribunales. Un gesto de libertad y orgullo. Una revolución. (r.p.)
