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La voz de los evangelizadores digitales en el Sínodo

Urquidi, uno de los participantes del sínodo digital, invitó a soñar juntos que algún día todas las diócesis tengan sus equipos de misioneros digitales enviados por sus obispos “y que el ministerio de la escucha digital para encontrar el hermano que sufre sea parte normal de la vida de la Iglesia”.

Representantes de la labor evangelizadora de la Iglesia en el “continente digital” compartieron sus testimonios durante la octava Congregación General este viernes 13 de octubre.

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Fuente: Sebastián Sansón Ferrari – Ciudad del Vaticano

El sínodo de la sinodalidad no se vive únicamente en las parroquias, capillas y movimientos eclesiásticos de manera presencial. Por deseo del Santo Padre, también se recorre este camino en los areópagos digitales, para que nadie quede excluido. Esta realidad se denomina “Sínodo Digital”.

Con el apoyo del Dicasterio para la Comunicación, se constituyó una red de evangelizadores e influencers católicos de los cinco continentes. Su experiencia, sus aprendizajes y sus anhelos han llegado a los trabajos de los obispos, laicos, laicas, religiosos, religiosas en la XVI Asamblea General Ordinaria reunidos en el Aula Pablo VI, en la VIII Congregación General efectuada el viernes 13 de octubre. Intervinieron la Hermana Xiskya Valladares y el laico mexicano José Manuel de Urquidi, dos integrantes del Sínodo Digital.

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Escucha, descarga y comparte el informe

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“Es una expresión misionera”, porque va dirigida exclusivamente a la periferia, a quienes no han participado de manera física, explicó Valladares.

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Revise la transmisión completa de la VIII Congregación General

La religiosa nicaragüense, radicada en España, desglosó los tres frutos principales del recorrido hasta ahora: el primero fue que la misión digital se convirtió en elemento importante en la consulta global del Sínodo a partir de octubre de 2021. En la primera fase, unos 250 misioneros realizaron procesos de escucha en 115 países y en 7 idiomas, llegando de esa manera en total a más de 150.000 personas que respondieron el cuestionario; de ellas el 30% eran no creyentes y personas alejadas de la fe. Los resultados de dicha etapa se incluyeron, junto a los otros, en la síntesis global que dio lugar al documento para la etapa continental.

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En una segunda instancia, 15 misioneros fueron invitados a las asambleas continentales para compartir su discernimiento.

El segundo fruto que recogen es la creación de la conciencia misma de la misión en la web:

“Si muchos de los misioneros llevan mucho tiempo evangelizando en las redes lo han hecho por iniciativa personal, poquísimos con algún apoyo institucional. Son los que desde hace tiempo han sentido el llamado de misionar también en las redes y espacios digitales, como su vocación cristiana”.

La también fundadora de Imisión añadió que debieron generar espacios para encontrarse y discernir juntos y descubrieron el deseo de vincularse mejor con sus diócesis y ser mejor acompañados, reconocidos e integrados. En este sentido, destacó un momento significativo para la comunidad: el primer festival internacional de influencers católicos, llevado a cabo el viernes 4 de agosto en Lisboa, durante la Jornada Mundial de la Juventud. Allí estuvieron unos 577 misioneros de 68 países. La misa y la bendición reflejan, según la hermana, el tercer fruto de esta realidad.

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Luego, José Manuel de Urquidi retomó la reflexión pastoral “Hacia una plena presencia” del Dicasterio para la Comunicación sobre la interacción en redes sociales. “Se analiza muy bien los algoritmos que condicionan y filtran las redes por beneficio económico”, expresó. El fundador y CEO de “Juan Diego Network” reivindicó la necesidad de saber dónde están “las trampas y los trucos”, aludiendo a los riesgos del mundo virtual.

El laico mexicano subrayó que han podido entrar en diálogo con una población que casi no se ve en los templos, los que tienen entre 18 y 40 años, que creen “sin pertenecer”, los alejados y enajenados, que se fueron de la Iglesia heridos por tantas discriminaciones “o se aburrieron de nuestras prédicas o no entendieron nuestro lenguaje” o quizá nunca pisaron un recinto sagrado.

“Pero siguen buscando. Viven gran parte de sus horas en redes, porque ahí están ‘parcialmente escondidos’. Su anonimidad les permitió superar vergüenzas y distancias, o simplemente poder preguntar. Entrar en diálogo con ellos requiere tiempo, paciencia, y mucho amor”.

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Al final de su exposición, enfatizó un punto de la sección B2 del Instrumentum laboris respecto de la corresponsabilidad en la misión.

“Para misionar en los espacios digitales no importa si eres sacerdote o laico, hombre o mujer, joven o adulto: de los 250 evangelizadores en la primera etapa 63% son laicos, 27% sacerdotes, y 10% religiosos y religiosa”, dijo. Lo más importante es la capacidad propia de escucha y diálogo, según Urquidi, pues lo que sorprende es “la confianza que se tiene en la persona, la palabra y el testimonio”.

“La nueva Galilea del ambiente digital es un territorio idóneo para una iglesia sinodal misionera en la que todos los bautizados asumen corresponsabilidad por evangelizar”, aseveró.

“En las redes todo es provisorio, fluido, incompleto”, explicó.

“Y ahí lo que ofrecemos no es la fachada de una gran basílica histórica sino el rostro misericordioso, que intenta comprender el lenguaje para trasmitir una Vida. Y desde ese encuentro primario, muchos luego encuentran el coraje y deseo de entrar en la Basílica”.

Urquidi invitó a soñar juntos que algún día todas las diócesis tengan sus equipos de misioneros digitales enviados por sus obispos “y que el ministerio de la escucha digital para encontrar el hermano que sufre sea parte normal de la vida de la Iglesia”.

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