INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Pensar, colaborar, aprender: cómo preservar nuestra humanidad en la época de la IA

Los principales oradores de la sesión vespertina de la Conferencia Internacional sobre Inteligencia Artificial en el Vaticano pintan un panorama aleccionador de lo que podría ser un futuro distópico para la humanidad a medida que la IA da forma cada vez más a nuestra realidad. También transmiten esperanza y optimismo, ya que hombres y mujeres de buena voluntad están llamados a actuar al servicio del bien común.

(vaticannews.va).-La próxima encíclica del Papa León, «Magnifica humanitas, sobre salvaguardar a la persona humana en la época de la inteligencia artificial», y su reciente Mensaje para el «Día Mundial de las Comunicaciones Sociales» sobre el tema «Preservar los rostros y las voces humanas» son una clara muestra de la importancia que otorga a lo que cada vez parece ser el tema definitorio de nuestro tiempo: La inteligencia artificial y la necesidad de dirigirla para el bien de la humanidad.

«Preservar rostros y voces humanas» fue también el título elegido para una Conferencia internacional celebrada el jueves en la Pontificia Universidad Urbaniana, que contó con una impresionante lista de ponentes clave del mundo de la tecnología digital, la educación y la cultura que reflexionaron sobre el impacto de la IA en la sociedad y sobre los tres pilares señalados por el Papa en su Mensaje.

Los 3 pilares: Responsabilidad, Cooperación, Educación

La tarde se centró en cómo los tres pilares indicados por el Papa en su Mensaje —Responsabilidad, Cooperación y Educación— deben aplicarse de forma práctica para garantizar que la tecnología siga siendo un instrumento del dominio humano y no de la submisión humana.

Responsabilidad: Garantías éticas sobre beneficio

Estamos en una encrucijada donde el rostro humano no debe ser reemplazado por un algoritmo, ni la voz humana silenciada por ecos sintéticos, dijo Neil Lawrence, profesor DeepMind de Aprendizaje Automático en la Universidad de Cambridge.

«Responsabilidad significa elegir la rendición de cuentas en cada etapa del desarrollo, asegurando que la IA sirva a la dignidad humana en lugar de explotarla», explicó Daniel Dzuban, presidente en funciones de la Coalición para la Providencia y Autenticidad del Contenido y Responsable de Socios Estratégicos para la Autenticidad del Contenido en Sony Electronics.

Cooperación: Un pacto global por el bien común

El futuro distópico que pintan algunos panelistas —uno de vigilancia extrema, deepfakes y profunda alienación social— no es una inevitabilidad, sino una advertencia, estuvieron de acuerdo. Para contrarrestarlo, los oradores pidieron una alianza entre los gigantes tecnológicos, los responsables políticos, los teólogos y la sociedad civil.

También coincidieron en que el progreso algorítmico debe ir acompañado de progreso moral, señalando que ninguna nación o corporación puede dirigir la Inteligencia Artificial Generativa por sí sola.

La cooperación global basada en la solidaridad es necesaria, dijeron, para garantizar que la brecha digital no se convierta en un abismo insalvable.

Educación: Formar mentes y corazones

El pilar final, la Educación, se defendió como el mecanismo de defensa definitivo para preservar a la humanidad. La educación en la era de la IA no puede limitarse a enseñar habilidades técnicas o programar, explicaron; Debe centrarse en fomentar el pensamiento crítico, la empatía y el discernimiento espiritual.

«Pensar, establecer redes y aprender en la época de la IA significa enseñar a nuestra juventud no solo a usar estas herramientas, sino a seguir siendo profundamente humanos mientras lo hacen», coincidieron profesores y representantes de la UNESCO, destacando la necesidad de proporcionar Alfabetización en Medios e Información (MIL) para que las futuras generaciones puedan distinguir la verdad de la invención, y la presencia de la mera conectividad.

Un llamado a la acción

A pesar de las advertencias sobre el sesgo algorítmico y la erosión de la interacción humana auténtica, el sentimiento general de la conferencia siguió siendo de optimismo y esperanza. El consenso de la tarde fue claro: el futuro aún no está escrito.

Al centrar nuestros avances tecnológicos en la preservación auténtica de los rostros y voces humanas, la humanidad, coincidieron los participantes, puede navegar esta frontera digital. La conferencia concluyó con un eco colectivo del llamamiento del Papa: un recordatorio de que hombres y mujeres de buena voluntad tienen el poder supremo para moldear un futuro en el que la tecnología debe ser «guiada» para servir al bien común.

El poder de la agencia humana

Al concluir la conferencia, el obispo Paul Tighe, secretario del Dicasterio de Cultura y Educación, que organizó el evento en colaboración con el Dicasterio de Comunicaciones, compartió sus conclusiones del evento.

Para el obispo Tighe, la revelación más vital del día fue el rechazo a la pasividad. «Hay tanta información que casi parece que estamos abrumados», observó, señalando lo fácil que es adoptar una actitud fatalista de ‘esperar y ver’ ante un cambio tan rápido. «Creo que lo principal que saque de mi cuenta es que esta es una conferencia que nos recordó que no hay nada inevitable en el futuro de la IA.»

En cambio, el obispo señaló una única palabra definitoria: Agencia.

Introdujo un concepto planteado durante las sesiones —«We-gency»— que describió como «la agencia que surge cuando las personas trabajan juntas para construir comunidades.» La propia conferencia sirvió como un ejemplo vivo de este poder colectivo.

«Ha reunido a personas del sector tecnológico, del establishment educativo y de partes más marginales de nuestro mundo a una discusión sobre cómo nosotros, el pueblo, la humanidad, podemos asegurarnos de que esta maravillosa nueva tecnología realmente sirva para avanzar los intereses de todos nosotros.»

Al preguntarle cómo se unieron los oradores en torno a los tres pilares destacados en el mensaje del Papa, el obispo Tighe los remetió directamente en esta urgente necesidad de agencia humana:

«Cuándo IA y cuándo no IA»

El obispo vinculó directamente la responsabilidad con la intencionalidad. «Está relacionado con eso de la agencia», explicó, «donde las diferentes responsabilidades que todos tenemos —desde ingenieros hasta emprendedores y consumidores públicos— [nos exigen] ser atentos e intencionados en lo que hacemos en cuanto al uso de la IA.»

En última instancia, explicó, la responsabilidad nos obliga a enfrentarnos a una pregunta fundamental: «cuándo IA y cuándo no,simplemente para mantener viva nuestra propia agencia.

Desarrollar la conciencia crítica

La educación surge naturalmente de esta responsabilidad ética. Según el obispo Tighe, no se trata solo de alfabetización técnica, sino de cultivar una comprensión más profunda.

«Es educar a la gente sobre cómo funciona la IA para que puedan tener una conciencia crítica de sus fortalezas y debilidades, y educarse a sí mismos en cuanto a los mejores usos.»

Una alianza transversal

Finalmente, abordando el pilar de la cooperación, el obispo subrayó que, dado que la IA afecta a todos los aspectos de la vida humana, las soluciones aisladas son inútiles.

«Necesitamos construir una alianza entre distintas comunidades para asegurar que tenemos una respuesta adecuada ante algo que es transversal», afirmó.

Concluyó que su Dicasterio espera trabajar con la nueva Comisión Interdicasterial de Inteligencia Artificial establecida recientemente por el Papa.

«Creo que eso será muy útil porque los temas de la IA son cuestiones que atraviesan la vida: cuestiones económicas, cuestiones de guerra y paz, cuestiones educativas y cuestiones de comunicaciones. Ningún dicasterio», reiteró, «puede hacer esto. ¡Tenemos que hacerlo juntos!»

Deja una respuesta